domingo, 10 de julio de 2011

Hipocresía I


Pueden leerse en el diario La Arena algunas opiniones de Rubén Hugo Marín, presidente del PJ, más que risueñas, desopilantes. Por eso es necesario conocer la historia para remarcar las burdas explicaciones y las contradicciones que avergonzarían a cualquier afiliado o vecino.
Desde una posición minoritaria achaca la hegermonía de la línea Plural que le ganó una interna (2007), sin reconocer que la política funciona así, y sólo se queja para tratar de reacomodar a su tropa que, como en otras circunstancias, ha salido perdidosa. También vale la pena recordar que en el enfrentamiento entre cafieristas y menemistas fue derrotado por la militancia (1989).
A estos hechos los narra con mucha precisión el profesor Cleto Rodríguez Kessy en varias notas publicadas en el matutino citado, así como en el opúsculo "La interna peronista en La Pampa" (El Monte de Cristal - Editora, Santa Rosa, 1990), que no han perdido vigencia, sino todo lo contrario, alumbran y despejan dudas de cómo los mismos de siempre se hicieron y ejercieron el poder en la provincia.

Es como pretender aprovechar las circunstancias sin tener en cuenta la realidad. La cruda "realidad" es que los comprovincianos no lo van a votar jamás, así lo manifiestan las encuestas. Pero resalta Marin: "No es una cuestión personal, sostengo que esa es la posibilidad basada en el sentido común. Es cierto que puede haber un vacío legal, pero hasta el propio Verna lo dio a entender cuando presentó la renuncia, que su lugar pasaba a ser ocupado por Durango".
Continúa el artículo y anotan los redactores: "El titular del PJ también cargó contra algunos dirigentes de la Plural que 'se creen que tener la mayoría los habilita para todo', en alusión al reclamo de los vernistas de poner el nombre del candidato a gobernador".

"Se creen que tener la mayoría los habilita para todo" afirma el viejo líder de Convergencia. Desde 1983 hasta 2007 (que perdió la interna), pasando por 1989 (que perdió también), Marín mantuvo una férrea conducción que no dejó crecer a ningún referente ni militante. Rodríguez Kessy denominó a ese poder dominante: "unicato".

Capítulo IV - De las Listas al Unicato (fragmento)

[...] Al finalizar la afiliación había 27.000 fichas registradas en la Secretaría Electoral, y en trámite de admisión presentadas otras 2.000 fichas aproximadamente. Sobre la base de esa afiliación, comenzó la organización de líneas internas en la provincia. Se formaron cuatro, la Naranja, que tenía como organizador a través de una "convergencia" -vocablo de moda en los días anteriores a la terminación del gobierno del proceso-, al Dr. Rubén Hugo Marín; la Blanca, era auspiciada por don José Aquiles Regazzolli (tenía entre los integrantes que adquirieran después alguna notoriedad, al Dr. Héctor de la Iglesia, y al contador Jorge Rubén Matzkin), la Verde que nacía con la aspiración política del Dr. Néstor Rufino Ahuad (proclamado una noche candidato a Gobernador en la Plaza San Martín por sus seguidores, entre los que se contaban Manuel Justo Baladrón y Néstor Bossio); la Azul, que tuvo formación solamente en General Pico, conducida por Esteban Rolando; luego en Santa Rosa, en Realicó, y en Quemú Quemú.
En las elecciones internas para cubrir los cargos internos del partido, se impuso la "convergencia" de la lista Naranja, de Marín, segunda fue la lista Blanca de Regazzolli, tercera la Verde de Ahuad y cuarta la Azul de Rolando. A partir de ahí comienza lo que yo llamo el camino del "unicato".

En esa definición la única lista que no es considerada para integrarse a la conducción del partido y al reparto de cargos es la Azul, dirigida por Rolando. Y ante el reclamo del referente, Marín responde:

"No voy a nombrar a ninguna. La he leído con detenimiento, y sé que ninguno de los que figuran en tu propuesta va a trabajar para mí. Van a trabajar para ellos mismos, o cuando más para vos Rolando. Nunca para mí."

Prosigue el análisis Cleto Rodríguez Kessy:

"Era la definición del unicato. El 'unicato', institución de esencia conservadora fue definido como 'la unanimidad de uno'. Las listas Naranja, Blanca y Verde [...] se borraron en el unicato".

Entonces, plantear esta condición sine qua non con que se dirimen las elecciones y el reparto de los cargos, suena a reproche que no tiene nada que ver con la dialéctica política. Es como querer jugar sin asumir riesgos, o sea, nunca se va a aceptar perder; por lo tanto no se reconocen las reglas que determinan quién ganó la disputa. Querer presentar a esto como un desaire que hace una línea mayoritaria es pertinaz, es desconocer lo que sucede, y no comprender quién tiene los congresales, quién ejerce el poder de gobierno y de la mayoría de las intendencias.
Cometer estos desaguisados indica que se abandonó la condición intrínseca y pasional de la contienda política que, a su vez, en su horizonte de expectativa contiene la posibilidad de la derrota como del triunfo; es haberse conformado con la rosca y el acomodo fácil ante la falta de consenso y predicamento multitudinario, es haberse convertido luego de una larga trayectoria en un octogenario sin memoria, y encima llorón.

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