jueves, 15 de enero de 2009

La guerra de Marlon

Fuente: http://www.ahpopularydigital.blogspot.com/

PEDRO WALDO VILLACORTA (a) "MARLON"
EDAD: 68 años
FECHA DE NACIMIENTO: 10 de Septiembre DE 1937
LUGAR: La Rioja.
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"En 1955, el pueblo estaba en el poder con Perón, la oligarquía fue la que echó a ese gobierno del pueblo, al gobierno popular, lo que pasa es que los milicos, la oligarquía y los curas, armados hasta los dientes, ¿no?. Hicieron matanza de la gente, bombardearon la Plaza de Mayo, reventaron colectivos llenos de gente, con chicos que iban a la escuela, después bombardearon en Retiro y hubo mujeres y niños muertos. Aparte a todos los obreros que mataron, ahí fue cuando empezó la guerra.
―¿Qué hacía en el 55? ¿dónde trabajaba? ¿cómo ingresó a la Juventud Peronista?
―No yo entré a la resistencia directamente, no tenía formación política, ni militancia previa, ni contactos en el partido, nada de nada. Cuando cae Perón en el 55, yo trabajaba en la Cooperativa del Ferrocarril, que nada que ver con los Ferrocarriles del estado, en la empresa ferroviaria. Vivía en Villa Adelina, partido de San Isidro, que te voy a hacer una aclaración, Villa Adelina, cuando estuvo Perón, la estación se llamaba José Martí, le borraron el nombre en Villa Adelina y se lo cambiaron, aquí en Villa Adelina estuvo el grupo de la resistencia, la más brava que tuvo la República Argentina, por la cantidad de hechos. En el país se organizaron distintas células, pero la nuestra fue la más brava, todos luchábamos, todos éramos iguales.
―¿Cómo se organizó esa célula?
―En Villa Adelina, cuna de la resistencia, había un cine ahora hay un banco, el Cine Mayo, hacía 2 o 3 días que había caído Perón y me fui al cine de noche, cuando vino el noticiero, salía Aramburu, Rojas y hubo una chiflatina general, pataleábamos, puteábamos, de todo, -¡Prendan las luces!- y nos echan a todos del cine (risas) y entonces nos sentamos en el cordón de la vereda, eran las 11 de la noche, unos cuantos, entre esos estaba Héctor Gríngoli, Cacho Giménez, que si bien nos conocíamos de vista, nunca nos habíamos hablado, estábamos a las puteadas, le digo yo: "¡che! ¿por qué no salimos y los hacemos cagar a estos hijos de puta?"; porque cuando pasaban los trenes -que venían de afuera- nos gritaban de todo, contra nosotros, gritaban: "¡LIBERTAD! ¡LIBERTAD!", y nosotros los cagábamos a hondazos (risas). Estaba un compañero, Cacho Jiménez, que ahora vive en Don Torcuato, cerca de la ruta 202, apenas si puede caminar, hace 5 años que no lo veo, no fueron capaces de darnos una mano en nada, en nada, a mi me da vergüenza, no sé si está vivo o muerto, pero ese fue un gran compañero porque en todas las grandes acciones que hicimos, él estuvo. Juan Jiménez, el Cacho, Santafesino, debe tener 75 o 7 años, es mayor que yo. Entonces me dice Cacho que estaba sentado en la vereda: "¿Se animaría compañero a hacerlos cagar?", "¡Si!", le contesté. En Villa Adelina, vivía la familia Bustos, nosotros nos reunimos ahí, los dueños de casa, Don Bustos y Doña Enriqueta, eran viejitos, y eran las 2 o 3 de la mañana y ellos salían a caminar afuera para vigilar que no hubiera nadie, algún movimiento raro, el domicilio estaba en la calle Gobernador Castro, tenían en la casa una cancha de bochas, porque Don Bustos y sus hijos jugaban para un club y entrenaban en la casa. A Doña Enriqueta siempre le decíamos: "cuando lo traigamos a Perón, lo vamos a traer acá, para que juegue un partido a las bochas", y Doña Enriqueta nos contestaba: "¡hay! ya me parece verlo al General acá jugando a las bochas. Ellos murieron en la mayor de las miserias y los canallas nunca jamás se preocuparon por nada. A mi el único que me dio una mano fue él -señala a un compañero presente-, pero él personalmente nada que ver con el poder, el gobierno. Volviendo al tema, primero cuando empezamos nos armamos con unos revólveres y un Winchester 44, y salíamos de noche. "¡Aquel es gorila! ¡bum! ¡bum! ¡bum!", se la poníamos tiroteándole la casa. Después nos trajeron pólvora, y allí murió un compañero en un accidente, Lucicini, estaba armando un explosivo, y manipulando la pólvora, el compañero tenía un cigarrillo prendido y se explotó la pólvora, porque todos éramos inexperto, nunca habíamos manejado explosivos detonantes, mechas ni las mezclas, nos habían dicho que la pólvora no explotaba sin detonante, y por eso Lucicini estaba fumando, pero la pólvora se encendió sin explosión, y consumió todo el oxigeno alrededor de la mesa, externamente Lucicini no tenía nada, pero aparentemente le afectó gravemente los pulmones, aunque a nosotros nos dijeron después que había ido la policía al hospital y lo mato.
―¿La pólvora cómo la conseguían?
―A través de otro grupo, yo a esa información no la tengo porque no me ocupaba de eso.
―¿Los muchachos del grupo tenían alguna jerarquía interna?
―No, no, nada que ver, eran compañeros y punto. Ahora me acuerdo, el sindicato de químicos solía conseguir pólvora, y por allí había un grupo que le mandaba decir a otro, te cambio mechas por gelinita. Pasado el tiempo y con más práctica empezamos a buscar explosivos más fuertes, gelamón; gelinita; detonantes; mechas, asaltamos cerca de Mar del Plata, creo que en Sierra de los Padres, unas canteras. Teníamos un contacto con la gente de Mar del Plata, Armando, Nicolera, Mariano Vuelta, Oscar Norberto Centeno, Carlos Menéndez, y otros muchachos que ya me voy a acordar. Al doctor Oscar Norberto Centeno lo mató el general Camps, en el setenta y pico, unos días antes yo había estado con él en Mar del Plata, cuando fue el sepelio fueron varios abogados a despedirlo, y los milicos los alzaron y desaparecieron. Retomando el relato, el grupo nuestro a través de Gríngoli, había tomado contacto con el doctor Domingo Heriberto Sanz, el Mingo, dermatólogo de San Isidro, como él conocía el ambiente nos iba pasando los datos, él tenía amigos que nosotros no conocíamos y él averiguaba a través de ellos, nos daba la información y nosotros se la poníamos a los gorilas. Primero empezamos con pólvora haciendo las bombas por supuesto... en Boulogne no querían ir a la huelga los maquinistas del ferrocarril y el secretario general de la base de Boulogne era el que se oponía a la huelga, porque era antiperonista el tipo, y fuimos a la casa le metimos una bomba de pólvora, llevábamos nafta que se la agregamos; yo tenía la costumbre de llevar los fósforos "Rancherita", me retiraba unos metros, encendía el fósforo y lo tiraba; a toda la gente le llamaba la atención la puntería que tenía... (risas); pero esa noche la mezcla no quería prender, me puse atrás de un árbol, a cinco o seis metros, y le tiré un fósforo encendido, el fósforo voló y ¡Pum!; explotó ni bien llegó el fósforo, me llevaron los muchachos abombado por la explosión. ¡Le hicimos pomada el frente al tipo!. Así, hubo otras acciones chicas... hasta que por allí encontramos lo amigos de Mar del Plata, que te comentaba hace un rato, al doctor Centeno, a Dionisio Pereyra, bueno, y a otro montón de compañeros. Entre ellos había uno que conocía el trabajo de Las Canteras, en Sierra de la Montaña o Sierra de los Padres, no me acuerdo bien, ellos estudiaron la acción y de acá fuimos nosotros. Mariano Vuelta, que había sido suboficial hasta le 55, la había planificado, yo estuve con él hace poco en Santa Clara del Mar, estuve como un año y casi todos los días iba a visitarlo. ¡Un compañerazo! ¡Como se jugaba!. Había sido retirado por ser milico peronista, todos lo iban a buscar a él, porque era el único con formación militar y conocimiento en armas y explosivos. Mira como será, que nunca se presentó a cobrar la jubilación, la vez pasada le pregunté: "¿Fuiste a cobrar?", y casi me mata; "¡No quiero saber nada con los milicos!". El estaba con el flaco, que fue Tesorero del gremio de Gastronómicos en Mar del Plata, ¡Para! No me sale el nombre de este compañero, eh..., la mujer también era otra compañera peronista, ya falleció, pero no me puedo acordar, sigamos, ya va a salir... porque la resistencia siempre comenzó en el entorno familiar, y después en amigos y vecinos que se sumaban, tanto mujeres como hombres, que utilizaban seudónimos, se cambiaban de nombre como de camisa, a mi me pusieron el apodo, porque en esa época estaba dando la película ¡Viva Zapata!,... y a mí me bautizaron, Marlon Brando (risas) y después quedo Marlon; cuando caí en cama, nadie se sorprendió porque cayó Pedro Villacorta, "¿quién comino lo conoce a éste?" (risas). ¡Ah! Te contaba lo de la cantera, la asaltamos, caminamos por campos arados, hasta subir a la sierra, de ahí sacamos los explosivos en cajones, y como era buen tirador desde pibe, en Córdoba iba casi todos los días a tirar, a practicar tiro, allá en Cosquín, estaba vinculado a una familia de renombre, entonces a mi me dejaban tirar, decían: "a este déjalo pasar que es de la familia Arrascaeta"; incluso intervine en campamento juveniles de tiro, así que tenia noción de cómo se manejaba un arma. Cuando llega la resistencia, yo tenia 18 años cuando cayó Perón; ya sabia manejar armas, la posición de tiro, todo, entonces los muchachos mas grandes confiaban en mi para que vigilara con el arma; llevaba una ametralladora Halcón, cuando esa vez bajamos de la sierra con los cajones de explosivos, habían ido muchos compañeros de Mar del Plata, cada cajón pesaba 24 Kg., y cada uno llevaba 2 cajones, yo llevaba uno porque tenía la ametralladora y cerraba la fila; a mi los muchachos me dijeron: "vos sos el último, si te tocan de atrás, sacudile porque no es de los nuestros, la consigna si pasa alguno es gato". Veníamos bajando y me tocan la espalda, íbamos por unas plantaciones, a oscuras, no se veían ni las manos, me voy vuelta y me dicen: "¡gato!"... era un muchacho que le decían gallego, desde esa vuelta lo separaron, no le dieron mas cabida en el grupo, nunca mas supe de él, por lo que había hecho... ¿si yo le tiraba? yo tenía la orden de tirar y tiraba, no tenía ningún drama. Antes de salir a buscar los explosivos, resulta que estábamos en la casa de Pedro Álvarez, el gastronómico, y se me trabó la ametralladora, no la podía destrabar, todos lo intentaron y nada, no aflojaba la máquina, ¿sabes quien la arregló? la mujer de Pedro Álvarez, hizo así ¡Puc! con la mano y después nos pegaba la forreada la señora (risas). Hace poco fui a visitarlos, Pedro cobra una pensión de $300, va a comer a un lugar donde va la gente pobre, la casa de adelante donde vivía, el chalecito, lo alquiló y se hizo una casita atrás donde vive, la misma señora que le alquila el chalecito me contó a mi: "¿sabe los meses que le debo?" y Pedro le dice: "no se haga problema si no tiene para pagar ¡qué va a hacer!". Ellos no tienen hijos, y viven así, ¡mirá como se portaron todos!. Nos volvimos a Buenos Aires, después del asalto a la cantera, esa misma noche camuflamos el camión y pegamos la vuelta. Le voy a comentar las acciones grandes que hicimos, allá por el 56 ó principio del 57, una de las primeras fue cuando le pusimos una bomba al interventor de la CGT, Patrón La Placette, que a estos dirigentes "sabios y prudentes" que tenia la CGT, Laplacette los usaba para que les limpie el piso, las botas y le seben el mate, esos eran los "sabios y prudentes", esos eran delincuentes, todos sin excepción, también el interventor, que fue de vaciador de la CGT, junto a los "32 gremios democráticos" que no existían pero que negociaban con la dictadura. Ya a esta altura, todos los días explotaban bombas, las que colocábamos nosotros. También de un montón de otros grupos en Buenos Aires, Córdoba, Rosario. Da la casualidad, que ese mismo día que explotó la bomba en Patrón Laplacette, a tres oficiales mas de la Marina le pusieron bombas, entonces la inteligencia de la Marina decía: "estos hechos fueron sincronizados", y ¡nada que ver!, dio la casualidad nada mas. Nosotros con Gríngoli, salíamos con cinco caños casi todas las noches, me acuerdo del de la valija, Fernández Rojo, era un buen tipo, medio rarón, ahora tiene Alzheimer, en ese tiempo era bastante fantasioso, pero poner, ponía. Nosotros, a otro que se la pusimos fue a...
―¿al de la SIE? (Servicio de Inteligencia Estatal)
―No, yo no estuve en esa acción porque caí preso, estuvo Gríngoli, fue cerca de la Residencia de Olivos, y se armó un tiroteo, una compañera manejaba la camioneta, que después cayó presa con el CONINTES (Conmoción Interna del Estado); ¿quién se acuerda de los presos Conintes?. Yo conseguí una lista incompleta de los presos que salió publicada hace un tiempito en una revista del gremio de farmacia, pero después nadie se acordó de nosotros, jamás.
―¿Es cierto que murió Conrado Ruggero? El pelado, que era telefónico que vivía en Don Torcuato. ¿No lo ubica?
―Si, estuvo preso, con el plan Conintes fueron 1300 los presos.
¿Sabe usted cómo aparecen los caños?
―También los llamábamos "chorizos" y nacieron en Villa Adelina, antes a los explosivos los poníamos en bolsas tipo marinero y resulta que colaboran en la resistencia una familia que eran poceros, y tenían cualquier cantidad de caños, caños viejos que ellos juntaban y los vendían a fin de año y hacían una gran fiesta en el barrio, esa familia se apellidaba Lindón, un día estaba en la casa de ellos, y les dije: "che, esos cilindros de bronce ¿te sirven?"; los estoy juntando para fin de año. "Y si los usamos, ¿vos tenés algún problema?", "No, háganlo". Entonces metíamos los explosivos ahí, con tornillos, rulemanes, con todos los condimentos y decíamos: "¡Un pan dulce para el fulano!". Le poníamos dos mezclas porque resulta que una vez fuimos a Villa Martelli, a la casa de un tipo que colaboraba con la policía, porque era comando civil de la Libertadora y tenía un negocio en Villa Martelli y entonces le pusimos una bomba y no explotó, era en el invierno, porque había mucha humedad, la mezcla se quebró y no explotó. A partir de ese día a la mezcla la sobábamos, le dábamos un calor en el horno y poníamos dos mezclas de la misma medida con dos detonantes y nunca fallaron.
―¿Cuánto les llevaba armar un caño?
―Poco tiempo, con la práctica, enseguida. De cada cajón de 24 Kg. sacábamos una de 10 Kg. según el caño. Nosotros le pusimos una al juez Botet, el del decreto 4161, en esa época éramos varios los que los buscábamos para hacerlo cagar. En el ranking de los más buscados por la resistencia estaban por la bronca que les tenía la gente, Rojas; Aramburu y el juez Botet, eran los tipos más odiados del país. Rojas vivía en la calle Austria y las Heras, era imposible no se podía, a Aramburu tampoco y creo que fue en Diciembre de 1959, nos traen el dato del juez, entonces pusimos en dos caños, 94 Kg. de explosivo de gelinita, bien adobados. Los que colocábamos las bombas éramos, Cacho Jiménez; Antonio Caporalini; Gríngoli; el tano Mistreta que nos llevó en el coche y yo. Mistreta era de Entre Ríos y le tenía una bronca increíble a Urquiza, salimos de Villa Adelina y Cacho Jiménez que iba del lado de la ventana me dice, mire compañero allá una estatua, y yo pensé que era San Martín. No me dice, es Urquiza. Entonces le comento a Mistreta, compañero Felipe: "¿qué te pasa?", me dice; porque siempre se la agarraba conmigo que era el más chico y jodón, "¡mire quién está allá!", "¿y ese quien es?" me contesta; salta Gríngoli y le dice: "¡ese es Urquiza!" y el tano se volvió loco, "!hijo de puta! (una vez le cortó la mano a un chico porque le robó una mandarina en el Palacio San José)", y el viejo empezó a putear y ya se quería bajar a ponerle la bomba al monumento (risas). Entonces todos nos opusimos, no tano dejáte de embromar y nos matábamos de la risa. En ese tiempo, a mí me habían echado de la cooperativa del Ferrocarril y empecé a trabajar en el Mercado de Abasto para una empresa, descargaba la mercadería. La observación del lugar, siempre la hacían las compañeras, en la casa del juez, había todo el día 2 milicos de guardia, a eso de las 10 de la noche, salían del puesto, caminaban unos 50 metros para ambos lados de la casa y después se metían en una obra en construcción a comer un asadito y así eran todos los días. A la noche antes de entrar en mi trabajo, yo pasaba y miraba, la noche del hecho, veníamos con el vehículo despacito, no me acuerdo el nombre de la calle, parámos y espiámos a los canas hasta que se fueron para la obra. Yo me aposté atrás de un árbol con la ametralladora para cubrir a los muchachos de los canas. La casa era de tipo colonial, con 2 o 3 balconcitos a 2 metros del piso, en el del medio pusimos los caños. Caporalini ayudado por Cacho, se subió al balconcito y los prendió, serían como las 10: 30 ú 11 de la noche. Subimos al vehículo y nos fuimos, yo me fui para el trabajo a recibir la mercadería y llegué tarde. El encargado me dijo: "¿qué te pasó Pedrito?", "y perdí el tren", le digo, yo nunca faltaba al trabajo, nunca; cuando bajo el primer cajón escucho ¡Pum! ¡Pum! Las explosiones sacudieron todo. La gente que estaba trabajando gritaba: "¡que explosión!" y empezamos a oír las sirenas -¡un quilombazo!-, todos preguntaban: "¡qué había pasado?". Y como a la media hora vinieron unos patrulleros, creo de la 49 de Retiro, me acerco, porque siempre iban a buscar mercadería y le pregunté: "¡qué pasó?"; parece que le pusieron una bomba a un capo, me contestó uno. "¡No vieron nada raro?", "no, si estamos trabajando". A las cinco de la mañana salía el último camión al Mercado de Abasto, me subo y cuando pasamos por el lugar fuimos a ver. Habían puesto vallas, la cana nos gritaba: "¡fuera de acá!". Estos milicos no nos dieron bola, entonces agarré, tomé el 78 y me fui para Villa Adelina, porque me estaban esperando los vagos. "¿Y qué pasó?", me preguntaron apenas llegué, "¡no quedó nada!", les dije; "¡bien! ¡bien!", saltaban de contentos. Para mi la acción más cruda que nosotros hicimos, fue cuando volamos medio puente con el ferrocarril, esa acción salió en la tapa de la revista LIFE, que era como la revista GENTE, y también en O' Cruceiro. Resulta que entre 26 y Boulogne, hay varios puentes y les dije a los muchachos, primero a Cacho Jiménez, después a Caporalini y a lo último a Gríngoli, porque era muy celoso, era un tipo muy valiente pero también celoso de los demás. Les digo: "¿que te parece volar el puente con el tren carguero que trae 50 ó 60 vagones?. Lo volamos por la mitad para que no haya víctimas". Sabía los horarios de los trenes con mercadería, había uno que pasaba por el cruce 26 a la 1 de la mañana. El problema es que ya había mucha bronca y la policía te pasaba cada rato en la calle, te revisaban los paquetes, te pedía los documentos, etc. Como ven, pienso que la guerrilla que vino después era heredera de la Resistencia, tan es así, que mucha gente de la Resistencia se acercó a los muchachos para tirarles un piar. Cacho, que era el tipo más serio, le comunica a Gríngoli la idea: "¿qué te parece la idea? ¡que buena!". Fueron a observar el lugar, las cajas de explosivos estaban en Carapachay, y había que traerlas hasta Boulogne, el compañero Merino, que era colaborador, no estaba en la acción directa, pero siempre nos daba una mano, el tenía un pibe, Jorgito, de 10 años que lo ayudaba en el reparto de vino, con un forcito que hacía fletes, nos transportó los cajones. Esa noche colocamos los caños y los sincronizamos para cuando pasara el tren, cuando terminamos el trabajo, nos fuimos caminando y al ratito escuchamos ¡BOOOM!, un ruidazo impresionante. En la calle no había un alma, hacía un frío que te calaba los huesos, teníamos que caminar un montón de cuadras hasta Villa Adelina. Adelante iban Cacho y Caporalini y atrás quedábamos Gríngoli y yo, que íbamos retrasados porque cargábamos las armas. De repente vimos un cordón policial y a los muchachos de adelante los pararon. A nosotros nos hicieron señas para que nos acercáramos, pero ¡que mierda! empezamos a correr y la cana atrás nuestro (risas) corrimos no sé cuantos metros, estábamos con la lengua afuera, en una esquina, Gríngoli se parapeta detrás de una parecita y saca la pistola, yo salto atrás de él y en tan mala suerte que caí dentro de una zanja y me mojé hasta el cuello con esa agua podrida y helada, rápidamente me levanté, saque la ametralladora y empezamos a los tiros. Los milicos se fueron al carajo. Cerca de allí, teníamos un matrimonio amigo, y para ahí rumbeamos apurados. El matrimonio este nos contó que al oír la explosión y después los tiros se levantaron y la mujer dijo voy a poner la pava deben ser los muchachos, y seguro que van a venir para acá, y vos gauchito, así le decía al marido, sacale la llave a la puerta. En eso llegamos nosotros a las corridas ¡guau! y entramos como cohete. Yo todo mojado, recagado de frío, "¿qué pasó?" me preguntó la gorda, "Cacho y Antonio cayeron presos", le digo. Eran como las 4 de la mañana y nos pusimos a tomar café, mucho café, dejé todo en la casa de estos amigos, y a las 6 de la mañana me fui para mi casa, encima la ropa del gauchito que no me entraba, era más flaco que yo (risas), y hasta mi casa eran un montón de cuadras y no tenía un peso partido al medio, cortando camino serían unas 50 cuadras, más o menos, el gauchito y la señora salieron a "pispear" y nos avisaron, vayan que no pasa nada por acá. Llegué a casa como a las 7:30, mi vieja que era madrugadora, me preguntó: "¿qué te pasó?", porque estaba lleno de barro y con olor a podrido y le contesté: "y la zanja, me resbalé y me caí". "¿No fuiste al trabajo?", me preguntó otra vez; porque yo nunca faltaba al trabajo; "no, hoy no voy, me voy a bañar, alcánceme ropa para cambiarme". Terminé de bañarme y me quedé a tomar mate con mi mamá, después me fui a dormir, y le dije, "despiérteme a la hora de comer". Al mediodía me desperté solo; en la comida mi vieja me dice: "¿qué pasó con la explosión de anoche?", "no sé, en Campo de Mayo habrá sido", le dije, mientras seguí comiendo, haciéndome el otario. Mi mamá espera unos minutos y comenta, la explosión de anoche fue a un tren de pasajeros que le pusieron una bomba. Yo me quedé helado. Comí apurado y rajé para Villa Adelina, para saber que había pasado con los muchachos, aunque Gríngoli, me había dicho que no me preocupara que él se iba a hacer cargo. ¿Sabes quien fue el que los sacó? El pelado Batena que trabajaba en el correo, tenía un amigo diputado del Partido Intransigente ó Radical, López Mateo, no me acuerdo bien, fue y le dijo: "¡che! necesito una mano para unos amigos, mira pasó esto", los amigos salían de ver unas minas y los engancharon, etc. etc.; los sacó, como habían metido a mucha gente en cana que no tenían nada que ver con la explosión, estos se salvaron, aunque los cagaron a palos y los picanearon por las dudas. Yo me fui a ver al Dr. Fernando Torres, que vivía en San Fernando y él tenía el estudio con el Dr... este, no me acuerdo el apellido, era del partido comunista, porque Torres no estaba y me atendió él, era el Dr. Julio Biaggio, de la Liga de los Derechos del Hombre, buena gente, yo le conté la historia de las minas etc., etc. El me escuchó y no me dijo nada, tiempo después, en la cárcel cuando teníamos más confianza, me dijo: "¡vos te crees que no me di cuenta que habían sido ustedes los de la bomba en el ferrocarril? ¡lo que pasa es que eso no se pregunta!". A Baggio después le pusieron una bomba, y le destrozaron la casa, yo siempre estuve agradecido por como se portaron. ¿Vos sabes como hago para acordarme de los nombres? Los asocio con otra cosa, por ejemplo soy un tipo que le dan un número y los asocio con los números de la quiniela, ¡ta, ta, ta, ta! y se los números de memoria (risas). Cuando me llevaron a la cárcel de Magdalena, fueron a visitarme. Bueno ¿qué te decía? ¡ah! del tren, después me fui a Boulogne a preguntar en la estación, me confirmaron que habían volado un puente y un tren de pasajeros, ¡sin ningún herido! ¿qué había pasado? El tren de carga se había retrasado media hora, y entonces largaron el tren vacío para que viniera al lavadero de Boulogne, explotó la carga y el maquinista no hizo a tiempo de frenarlo, y cayó la máquina de 80 toneladas y todo el tren quedó "patas para arriba", tomaron fotos aéreas y los diarios titulaban: "Terrorismo en Argentina". Había guardado en casa, diarios y revistas del hecho, pero después mi hijo las tiro cuando se puso peligrosa la mano. Otro hecho fue otra que le pusimos al Contralmirante Pico, que era del servicio de Informaciones de la marina. Cuando le pusimos el caño a Patrón Laplacette, tengo una anécdota muy linda para que vean que tengo buen corazón, resulta que como era el primero que bajaba del coche e iba a mirar el lugar, en la entrada de la casa había un perrito chiquitito, lo tenia atado, cuando me vio empezó a mover la cola, volví al auto y le pedí al que manejaba: "¡Che! ¿No tenes una soga?", era el gordo Di Mauro, porque esa noche fuimos en el coche de él, me paso la soga, lo agarre al perrito, lo lleve atrás y lo até lejos para que se salvara, después cuando le conté a Cacho y a Antonio ¡se cagaron de risas! (risas), porque éramos muy compinches los tres. Después estos compañeros me taparon una que me mande, ¿se acuerdan que les conté de aquella bomba que no explotó por la mezcla?. Después Gringoli dijo: "a este hay que dejarlo, este trabajo no hay que hacerlo más". Yo le tenia una bronca bárbara al tipo, porque cuando fui a la mañana siguiente, se paseaba con la bomba en la mano y le gritaba a un viejito que tenia un kiosquito enfrente: "¡che! ¡estos son peronistas hijos de puta igual que vos! ¡no tienen habilidad para meter una bomba!". Estaba la policía, y había un montón de vecinos, yo pensé: "Ya me la vas a pagar hijo de puta" y me fui. Yo se lo dije a Gringoli, y no quería saber nada de volver, no había caso, no podía convencerlo. Pasaron casi 2 años y cuando asaltamos la cantera, en Mar del Plata, me robé un cajón de explosivos de 24 Kg., Cacho, Antonio y yo íbamos viajando atrás con los explosivos, y les dije: "¡Che! un cajón es para el barbita"; "barbita" le decíamos al hijo de puta; "¡bueno! ¡bueno!, me dijeron. Al asalto éste, había venido el compañero Merino, entonces en una parada, le hablo del tema, y me dice: "¡si!¡si! contá conmigo", entonces va y le dice a Gringoli: "¡petiso! cuando pasemos por mi casa, quédense a comer y después siguen viaje", todos lo apoyamos, "¡vamos! ¡vamos!". Merino manda al pibe, fuera de la vista de Gringoli, abre la puerta de atrás de la casa y por ahí entramos el cajón. Con ese cajón, arme la bomba, fui y se la puse, solito, con una bolsa marinera. Pero el tema fue que Gringoli se dio cuenta en la descarga, nosotros no fuimos a descargar, no sabíamos a donde llevaban los explosivos, viene Gringoli y nos dice: "falta un cajón", y nosotros le contestamos: "habremos contado mal, porque caer no se cayó en el viaje, además venían tapados con cajones de aceite, con botellas vacías. ¡Dale! ¡No te la vamos a robar para después venderla! Y sino, claro, se habrán equivocado al contarlas, los muchachos que fueron eran como veinte y alguno se había equivocado". Bueno, sigo contando, en Villa Concepción, teníamos una familia amiga, las 2 hijas del matrimonio, muy bonitas, colaboraron con nosotros y fueron varios días hasta lo del "barbita", a estudiar el lugar, ellos vivían cerca, ¡y le tenían una bronca!. El "barbita" tenía un negocio en la esquina. Merino con el carro, llevó el cajón hasta la casa de esta familia -Barreta se llamaban-, llegó y le dijo a la señora Marta, prepáreme una marinera, puse la carga, unos 23 Kg., un muchacho me prestó la bicicleta. Tenía que ponerla a las 10 de la noche, porque era la hora en que no pasaba gente de la fábrica, que estaba ahí nomás y no andaban cerca los dos policías de civil que cuidaban. Llego en la bicicleta me siento en el ventanal del negocio, prendo un cigarrillo y me pongo a leer una carta que traía, saco la mecha, las 2, que que terminaban en la cabecita del fósforo de cera y atábamos la cabecita a la mecha con un hilo y ¡Fuuu!, prendía. Cuando vi que ya no había nadie, lo prendí, conté mentalmente 1, 2, 3, 4, 5... No me acuerdo cuanto conté, pegué un salto en la bicicleta y ¡zas! salí disparando, al ratito ¡Booom!. Agarré por una calle de barro, ya sabía el caminito a mi casa, llegué, me bañé, comí y me fui a dormir. La señora Merino, la gorda que cocinaba como los dioses, me había dicho: "mira Marlon, si esta sale bien y no falla la otra, te voy a preparar la comida favorita tuya, ñoquis". Al otro día llego a la casa de la gorda, en Carapachai, me estaba esperando: "¿y?" me preguntó, y se reía, claro a la mañana temprano ya lo había mandado a Merino para ver y se había traído un pedazo de vidrio para mí, "¡y no quedó nada más!" viene Merino y me abraza, y digo: "de esto ni una palabra a Gríngoli". A eso de las 2, cuando terminamos de comer, le pido a Curi -la hija de Merino, la más chica: "me prestás la bicicleta?"; "No", me dice la nena, "¿para qué la querés?" (hacía poco que se la habían regalado). La mamá le dice: "¡prestale a Marlon, que es bueno y te trae caramelos, enseguida te la trae!". Pasé por lo del "barbita", estaba todo destruido, el estaba acongojado, abatido en la vereda del negocio (entre mí decía: "reíte ahora la reputísima madre que te parió"), estaba la gente amontonada no se cuanta plata perdió, había ido Radio Colonia, después presentó quiebra y se fue a la mierda del barrio. ¡Cuando se enteró Gríngoli! ¡no te imaginás el lío que se armó! Me encaró fiero: "¡fuiste vos!"; relacionó el cajón que le faltaba con la explosión, y ¡Pin! salí sorteado. Yo me negué, no fui, no fui, no fui y estuvimos en la cárcel, unos cuantos años juntos, y me preguntaba y yo: "¡no fui!" (risas) y se murió pensando ¡fue este hijo de puta! (risas). En la habitación de la hija mayor de Merino, arriba de un ropero había dejado una caja de zapatillas -las "boyeros"-, con explosivos, mezcla y detonantes, en depósito. La "Chiche" se llamaba la hija, voy y le pido la "zapatilla", se la tenía jurada a un busto de Sarmiento, enorme. ¡Vos sabes que esa explosión salió en todos los diarios?. Después al lugar fue el Ministro de Educación, una banda del ejército, estuvo todo el país repudiando el hecho, ¡ni me imagine que iba a salir tan bien el tiro!(risas). Bueno, cuando "Chiche" me da la "zapatilla", le pido otra vez la bicicleta a mi amigo, quien colaboraba con la resistencia, Carlos Alderete, llegué al lugar cuando ya era oscuro, y a 50 metros estaba la casita del sereno, que estaba tomando mate, yo me acerco al busto con la bicicleta y un ramo de flores, que en medio tenía atada la "zapatillas", saqué unas flores viejas que había y puse mi ramo, en tanto el viejo de la casillita me miraba, habrá pensado: "¡ Este pelotudo a esta hora viene a rendir homenaje!", y si era enemigo de Sarmiento más bronca me tendría, porque no sabía que yo coincidía con él, ¡qué se yo! ¡esta era una idea mía!(risas). Agarro las mezclas, para colmo le puse mecha corta, las prendo y salí al ratito ¡Pooom!, cuando lo escuche, me agarró risas pensando en el viejito que estaba tomando mate, ¿se habría tragado la bombilla?. Gríngoli otra vez me acusó a mí y yo: ¡qué no fui! ¡que no fui!; le preguntó a todos, hizo averiguaciones y nada. Yo le digo a los muchachos: díganle a Grígoli que ando medio triste, con bronca, porque siempre me acusa a mí. Después estuvimos en otra acción contra un milico que era "servicio" y estaba infiltrado en la junta del partido peronista. Cuando caigo preso en Mar del Plata ¡cobre como en la guerra! ¡me deformaron!, me llevan a la base y yo me reía, siempre fui un tipo frío. Mariano Vuelta, el compañero que era suboficial, dijo: "este es milico infiltrado ó es un loco". Me llevaron al casino de oficiales, primero me habían picaneado en la brigada de Mar del Plata a cargo del comisario Salcedo, yo le dije: "cuando salga voy a venir por vos, y si te moriste, voy a ir al cementerio y voy a quemar el cajón ¡hijo de puta!". ¡Yo no me hice cargo de nada! al último cuando me calenté, dije: "¡Sí, fui yo!". Con la picana me quemaron todo, estaba tan hinchado y quemado que no me podía estar en pie, ¡era un monstruo!. Me hicieron el Consejo de Guerra. Antes de llevarme estaban esperando que se me fueran las quemaduras, me llevaron al médico, ¡era más hijo de puta! Después me hacía recordar... ese!, me decía: "las quemaduras te hacen bien, te hacen circular mejor la sangre para todo lo que hiciste ¡te tendrían que haber matado no traerte al médico!". Pasa el tiempo, me traen a Buenos Aires, acá me encuentro al doctor Fernando Torres, lo habían detenido, me hacen un careo y me preguntan si lo conocía, yo les dije que no, y ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! me volvieron a dar, me llevaron al segundo piso, a Coordinación Federal, ahí seguí cobrando. "¡Hijo de puta ahora vas a hablar!" ¡Pum! ¡Pum! Me desvistieron y me obligaron a apoyar las manos en un armario de fierro que tenían; me largaron una descarga... ¡me quemó todo!, no me podía mover, me caí al piso, estuve tirado un tiempo, la boca toda seca al ratito me gritaban: "¡levantate y ponéte la ropa!". ¡Sabes que no podía! ¡los milicos me pusieron los calzoncillos al revés!, me llevaron a una oficinita y me encontré a mi viejo, que estaba sentado, el milico me dice: "¡mira hijo de puta, si no hablas lo vamos a matar a tu viejo!". ¡Sabes que le contesté?: "por mí, mátenlo pero yo no fui"; y eso es lo que me mortifica hoy y cada vez que me acuerdo me pongo a llorar. Lo que me da bronca, es que nunca fuimos reconocidos, no tuvimos ni una mención ¡nada!. En el único lugar que salimos fue en esa revista de Francia, y eso porque está el Vasco Azcurra, que para promocionarse nos necesitó mostrarnos a nosotros. Yo lo fui a ver, estuvimos presos, lo conozco de la cárcel le dije: "¿Che, Azcurra, vos que conoces gente ¡no podés tramitar una jubilación o una pensión para nosotros?. Nosotros ahora de viejitos, no tenemos laburo, ¡no tenemos nada!", y me contestó: "¿qué puedo hacer yo?". Agarré y me fui y así fueron todos, ningún dirigente iba a la casa de la familia del preso, los únicos dirigentes que conozco que se portaron bien, fue "Jorgito" Dipascuale, Framini, y el otro fue al que le mataron al pibe, ahhh! Ongaro, ¡fueron los únicos! Yo fui amigo y los recuerdo agradecidos, también de los chicos y de la esposa de Ongaro, de apellido Caruso, que en ese tiempo, cuando le mataron al pibe, vivían en los Polvorines. Los muchachos de aquel entonces, los que estuvieron en la lucha, se van muriendo, yo quedo porque era el más chico. Me acuerdo del "negro" Guzmán, de viejo andaba con dos palitos, ¡no tenía para comprarse un bastón!, nadie se acordó de él, ni para darle un geniol... ¡Vicente Petraca! otro gran compañero, en fin...
―¿En ese tiempo tuvo trato con las Fuerzas Armadas?
―Si más cuando caí preso. Pero antes, te voy a contar el relato que me acercó un íntimo amigo de la resistencia, que anduvo por muchos lados, a Vandor que era muy inteligente, venían a ofrecerle un golpe, pero era a condición de que salieran los metalúrgicos primero(risas), cada vez que venía un milico a verlo, cuando se iba Lorenzo Miguel preguntaba: "¿Le pusiste la banda?". Sí..., ¡y se fue contento!...(risas), lo ponía como presidente. Los militares lo único que hicieron fue demorar la lucha, alargarla, se hacían conspiradores cuando los habían retirado, esto que te voy a decir me lo contó el mismo amigo. Resulta que a Perón lo va a visitar un general retirado; Cándido López, creo que se llamaba, y le propone dar un golpe en la Argentina para volver al poder, Perón le dijo que no era posible, Bla, Bla, Bla, el segundo día lo visita y le propuso otra cosa, Perón también dijo que no era el momento, al tercer día va y le dice, vengo a ponerme a sus órdenes para que hagamos la revolución... y Perón le dice: "¡pucha! ¡que lástima ¡me hubiera venido a ver cuando usted era jefe de Campo de Mayo y lo podríamos haber hecho, pero ¿ahora?" (risas). ¡Claro, ahora era un cuatro de copas! Yo estuve preso con algunos militares, cuando hicieron un levantamiento en varios regimientos, enseguida los coparon, y fueron presos a Magdalena, que es una prisión militar, y nosotros íbamos de paso a la prisión militar porque ahí nos derivaban a institutos penales.
―¿Por qué los llevaban ahí?
―Porque éramos condenados por tribunales militares, por eso nos recibían aunque éramos civiles, y cada 2 ó 3 meses nos cambiaban de cárcel. Yo me hice amigo de un capitán, que era de La Pampa, Rossi de apellido, petisito, cascarrabias, peleador, yo siempre charlaba con el, pedía para ir al pabellón de oficiales presos, en Magdalena, son departamentos chiquititos, para hablar con el. Una vez Rossi me dijo con confianza: "Mira, Pedro, nunca se confíen en los militares, ¿vos te crees que éstos que están ahora presos conmigo se las aguantan? ¡se la pasan llorando! Ustedes son digno de la lucha, si algún día salgo, como peronista, y me quiero embarcar en algo ¡me voy con ustedes a poner bombas!". Y te digo que a Rossi casi lo fusilan en La Pampa, porque se metió en un levantamiento peronista, el levantamiento fracaso y a los suboficiales presos los iban a fusilar, y Rossi pidió permiso para dirigir el pelotón de fusilamiento, los subieron a un camión a los presos para matarlos lejos, ¡y Rossi se escapo junto con los presos en el camión! (risas), esa es la historia de Rossi. ¿Vos sabes que años después estuve en La Pampa y lo busqué por todos lados y no lo pude encontrar? Un militar digno, ese tipo... el jefe de todos ellos, era el General Miguel Ángel Iñiguez, y después estaba el coronel Escudé, el salteño. Un día estábamos en el patio de la cárcel, tenia varios patios, pero este tenia todo alambrado el perímetro y le habían plantado arbolitos, una mañana estaba tomando sol, sentado en el piso, hacia un frió, Escudé estaba parado cubierto con un sobretodo y como a mí me habían dado muchos años de condena, me dice el coronel Escudé: "Pedro ¿el día que se vaya en libertad, va a dejar un bosque grande acá ud.? ¿no?"; yo le dije: "y ud. no los va a dejar muy finos que se diga" (porque le habían dado como 20 años de condena) y se reía a carcajadas. Después fue interventor en Tucumán, no sé si del Gremio del Azúcar o de la Provincia, la cosa es que viaja hacia allí, Fernando Torres, el abogado, Escudé le preguntó por mí y me mando saludos, que sé de una vuelta por acá que va a ser bien recibido, (pero la verdad nunca mas lo vi). Los militares vieron que la cosa venía en serio, cuando fue lo de los "Uturuncos" en Tucumán, que era una experiencia para empezar la guerrilla, ¡Ahí está la mano! Nosotros siempre estábamos en acción, en ese entonces se organizaban huelgas todos los meses, y nosotros agarrábamos al Ferrocarril Belgrano y Mitre, y poníamos dos bombas acá y dos bombas allá, para cortar las vías, siempre manteníamos la unidad del grupo, Antonio Caporalini, el Tano Mistreta, Gríngoli, Cacho Jiménez y yo. A veces venia gente de Mar del Plata que era con la que teníamos contacto, las edades del grupo eran variadas, yo era el mas chico porque empecé a los 18, el Tano Mistreta ya era un hombre grande, tendría unos 50, Cacho en ese tiempo tendría 30 años... el hermano de Cacho también estuvo en la lucha pero lo mataron temprano, Alberto se llamaba "el finadito", trabajaba en el Tigre, y un día apareció ahogado y todo golpeado. Una vuelta, se hizo una reunión grande en San Fernando, y hacemos un planteo, porque la reunión era para tratar como recaudar plata para la resistencia, de la zona Norte, estaban casi todos, y entonces algunos proponían hacer festivales, que las mujeres hicieran empanadas, rifas, bailes, para juntar plata y comprar armas. Nosotros, los de Villa Adelina, estábamos juntos en un rincón, Cacho me preguntó: "¿qué te parece compañero?", y nos empezamos a reír, entonces levanté la mano y dije: "yo tengo una idea mejor para juntar plata, ¡tenemos que salir a afanar!". Casi me matan!!! (risas). Caporalini gritó: "¡déjenlo terminar de hablar!" Entonces me dirigí a Gringoli que era el que dirigía la reunión, nosotros no somos una Sociedad de Fomento, que va a rendir cuenta a los socios de cuánto recaudamos y qué armas compramos ¡porque vamos a ir todos presos!, se enojaron conmigo. Cuando nos íbamos, Cacho, Alberto, Antonio y yo a tomar el colectivo, los muchachos decían: "Marlon tiene razón". Alberto dice: "hace como dos o tres años trabajé en una forrajería en San Martín, es una manzana de grande, y la plata de la venta la depositan el día viernes, y yo se donde está toda la plata". Unos días después, fuimos, menos, Alberto, y asaltamos la forrajería y nos llevamos toda la guita. En la primera reunión, le dimos toda la plata: "¿y esta guita?", preguntaron, "¡la trajeron los reyes magos!", les contestamos. Cacho y Antonio se reían, yo le digo a Gringoli: "los fierros de los 'miguelitos' ¿no saben de donde los sacamos?", porque los fierros del 6 y del 8 para hacer 'miguelitos', los afanamos de las obras en construcción, Vos sabés que no me puedo acordar como se hacían, eran en forma de zeta, los clavos 'miguelitos' lo hacíamos en la casa de Juan Lindón, en Villa Adelina, aparte de ser pocero, Guillermo Lindón, tenia una fragua eléctrica porque hacían clavos para las obras, y una guillotina manual, nos juntamos los domingos y mientras las mujeres preparaban tortas fritas, ó mate, nosotros cortábamos en la guillotina los fierros cada 15 cm. Y en chanfle, uno ¡Pum!, dos ¡Pum! ; ¡Tac! ¡Tac! ¡Tac!, y después a la fragua, los agarrábamos con la terraja y le hacíamos ¡Tum! ¡Tum! Y hacíamos bolsas llenas, miles y miles de 'miguelitos' y con eso las poníamos en ciertos lugares de Buenos Aires, que de eso se encargaba Gringoli, que era el que tenia contactos. Los 'miguelitos' los usábamos en las huelgas, teníamos un plano, y una camioneta que usábamos que era la del "gauchito", la cargábamos hasta el tope, con bolsas de 'miguelitos', una noche no sé la cantidad que tiramos, miles, ¡y quedamos encerrados! ¡no podíamos salir! y pinchamos, ¡cómo puteamos esa noche! (risas). En Villa Adelina hacíamos todo, ¡sin un mango!, a pura imaginación popular. ¿Sabes como nos llamaban a nosotros? El grupo Campos, por el negro Campos, el secretario de Perón, cuando venía trayendo discos y cartas, pasaba por Villa Adelina y nos dejaba, pero nosotros con él, nada que ver, era el correo de Perón y nada más. Años después lo mataron a Itakazos, cuando era Intendente de San Martín. Una vez organizamos una "acción" en el Uruguay contra el locutor de radio Colonia, Ariel Delgado, que era un antiperonista rabioso, cruzamos el Río de la Plata, y quisimos saber el motivo, ¿sabes lo que nos dijeron? "Delgado es antiperonista pero pasa todo por la radio, hay que dejarlo..." A nosotros ni el besito de las buenas noches nos dieron, ni las gracias, al contrario nos trataron de sordos, comunistas, bolcheviques, leninistas, y no fue el pueblo el que nos tildó, fueron los de arriba, a nosotros se nos trató malísimamente, el único que le dieron una casita y un trabajo fue a Gringoli, los metalúrgicos. Un día vengo de La Pampa y había una movilización de los metalúrgicos en Congreso, me meto en la columna, y le pregunto a un muchacho: "¿dónde está la columna de Vicente López?", "allá" me dice; la ubico y quiero averiguar: "¿está Gringoli todavía?"; ¿sabes lo que me contestaron?... "¡Ese hijo de puta ya murió!"... Yo me quedé duro con la contestación, después me fui hasta el sindicato en Vicente López, y en un barcito donde paran los metalúrgicos me encontré a un compañero, Hugo "Peligro", él me mostró una plaqueta recordatoria de Gringoli que está a la entrada del Sindicato. "¿Y por qué cuenta eso?", "Para que vea como terminamos todos lo que luchamos, ¿Podemos esperar algo de los que están en el poder?". "Francamente", no lo creo. "¿Vio lo que está pasando en Santiago del Estero?". Una vez al más fiel de los gobernadores que tuvo Menem, el de La Pampa, un día le saltó un problema escandaloso, lo habían acusado de integrar una banda que robaba automotores de Vialidad, en Santiago del Estero. Entonces el gobernador se vino a Buenos Aires, pero antes declaró que era una persecución por ser peronista, (porque estos se lavan las manos así). Se tomó el avión de la gobernación, vino a entrevistarse con el presidente en Buenos Aires. El Presidente lo llamó al otro viejo delincuente de Santiago del Estero, y le comentó el tema. Después el gobernador viajo a Santiago del Estero, y volvió "limpito" a su provincia. Yo varias veces les grité allá en La Pampa: "¡che, decile al gobernador que necesito un par de ruedas para mi coche!", y me recagaban puteando. ¿Sabes las veces que me metieron preso allá en La Pampa?... Igual que un diputado pampeano que le dio a la madre una pensión de $90: "¡A LA MADRE!", y ese tipo se hizo un Chalet de medio millón de dólares; acá lo deschabaron porque viajó un canal de noticias a La Pampa, y el diputado les dijo: "siempre la contra habla y habla y dicen cosas que no son verdades, pero no se acuerdan que yo di 1800 pensiones para la gente humilde de La Pampa" (pero no las dio del bolsillo de él... risas). Después cuando cumplió 25 años de casado, hizo una comida, invitó a todos los capos, acá en la costanera y le salió ¡30 MIL DOLARES!. Y se defendió diciendo: "esto se lo debía a mi señora desde que me casé, porque mi señora es muy peronista, igual que yo (éstos siempre ponen a Perón y Evita adelante), porque cuando me casé no tenía ni para el puchero y ahora que puedo le hice esta 'fiestita'" (risas). Yo cuando los cruzo le grito en la cara: "¡nosotros no peleamos para que estén ustedes!"
―¿Recuerda como era la confección de los caños?
―Si, todo era de fabricación artesanal. Nosotros usábamos caños gruesos, otros grupos usaban caños de 1 ½ pulgada. Cerrados con niplex, nosotros los hacíamos del tamaño, según el cliente. Juan Lindón soldaba los caños, con una tapa arriba agujereada. Primero se la llenaba de gelinita, después le ponía la tapa y la soldaba. No hay ningún peligro, menos la pólvora, cualquier tipo de explosivo, podes martillar, golpear, prenderle fuego, no pasa nada. Por el agujerito hay que meter el detonante con la mecha, acá tuvimos muchos problemas, porque de explosivos cuando empezamos ninguno sabía nada. Y resulta que había mechas lentas y rápidas. En una acción donde usamos mechas rápidas me salve de milagro. A partir de ese accidente siempre usamos mechas de encendido lento. Sé que los primeros envíos a la Resistencia de detonantes se recibían de los hermanos Sapag, de Neuquén, que tenían canteras, y los mandaban a Buenos Aires en camiones en cajones de manzana. Nunca compramos nada, porque los que van a comprar siempre quedan registrados, si no te los regalaban los robábamos.
―¿El grupo tenia alguna orgánica?
―Era como te comentaba, todos nos conocíamos del barrio, entonces los mensajes circulaban rápido. Hay una reunión a tal lugar a tal hora, y el grupo concurría. Los puntos de reunión casi siempre eran en casa de la familia Bustos, en la de Lindon, ó en la casa de Merino en Carapachay. Por lo general de noche, y a eso de las 22:00 u 23:00, salíamos a la acción. La acción previamente ya había sido estudiada y decidida, decíamos: "mañana tenemos que estar en tal parte", y no había obligación de ir; si yo no me animaba, por ejemplo, sabía que los muchachos no iban a obligarme, no tenía ánimo y listo. A veces, ocurrían indisciplinas, discusiones de tareas que no se hacían o se hacían al revés de cómo se tendrían que haber hecho, muchas veces no con mala intención, sino porque se actuaba con la emoción del momento, por ejemplo vos llevabas un caño para entregar a otro compañero que lo estaba esperando para una acción y esa noche se te cruzó otro objetivo, te olvidabas de hacer el correo y se la ponías a ese. A veces, salíamos a la noche, con 4 o 5 caños, sin tanto estudio, para acciones "chicas", te quiero decir que también se improvisaba sobre la marcha. Había una reunión en Villa Adelina, yo iba caminando para allá, era la casa de un oficial de Aeronáutica, cuando me ve llegar, el tipo sale de su casa y me dice: "a vos que te gusta la joda, andá, no te hagás problema, que después te vamos a comunicar lo que hablemos", "bueno", le dije, "me voy a jugar el billar". Cuando me estaba yendo, me cruzo con Alberto Jiménez, que iba para la reunión, le conté y nos fuimos juntos para el billar. Serían la 1 ó las 2 de la mañana en el bar, y entra un tipo con traje, y le comenta al mozo: "acá cerca hay un operativo policial, con carros de asalto, la infantería... un montón de milicos". Nos miramos con Alberto, y dijimos: "¡Zas! en la casa donde se hacían la reunión". Cayeron todos en cana, Cacho y Gríngoli fueron a parar a Caseros, donde se hicieron amigos de Cooke, estuvieron 3 ó 6 meses adentro. Yo los fui a visitar, Gríngoli y Cacho me dicen que el que los había delatado, era el oficial de Aeronáutica, que al otro día de la detención lo habían dejado salir. Nosotros fuimos para Villa Rosa, Don Bustos tenía un ranchito y nos ocultamos un par de semanas, la mujer nos llevaba la comida, cuando vimos que no pasaba nada, salimos, y nos juramentamos: "¡a éste hay que hacerlo cagar!". Unos días después, un día de frío, a eso de las siete de la tarde, no había ni un alma en la calle, no pusimos a la par, lo empujamos y ¡pum! se la pusimos, el tipo gritaba: "¡NO, NO! ¡AY! ¡AY! ¡AY!" y no separamos. Al otro día se borró del barrio, nunca más lo vimos, ni supimos mas de él.
―¿Tuvieron algun tipo de formación militar?
―No, todo lo aprendimos sobre la marcha, inclusive sin manejo de tecnología ó chirimbolos raros, todo era casero, usando y adaptando cosas, sin gastar un mango, a todo se le buscaba la vuelta. En la fábrica de SEVEN UP, antes estaba en Vicente López, cerca del hospital, todos los fin de año envasaba la sidra para el gobierno peronista con la etiqueta de Perón y Evita. Después del golpe, entrámos y nos robamos cualquier cantidad de etiquetas que estaban en blanco, las escribíamos ¡y panfleteabamos por todos lados! (risas).
―¿Cuándo cae preso por primera vez?
―En el 60, cuando ya estaba el plan Conintes, la cárcel hizo que mucha gente se desvinculara de la Resistencia, es una experiencia muy dura. Yo estuve en cana 3 años, del 60 al 63, cuando Illia ganó como presidente, nos sorprendió, lo mandó a Perette, que era el Vice-presidente, a decirnos a nosotros que estábamos presos en el Chaco: "vengo a traerles un mensaje del Dr. Illia, lo primero que va a firmar apenas jure, es la libertad, la amnistía para todos ustedes".
―¿Había alguna organización para ayudar a los presos?
―Nada que ver, aunque allá en el Chaco la gente se portó muy bien, nos iban a visitar, nos llevaban algunas cosas, fue la gente que mejor se portó con nosotros, allá podíamos juntarnos a tomar mate con los compañeros, totalmente distinto a Magdalena ó a Tierra del Fuego.
―¿Tampoco había alguna organización para ayudar a la familia del preso?
―En esos años nace una organización. Comité de familiares de detenidos (Co.Fa.De.), pero era pequeña; Comisiones de Derechos Humanos no existían todavía. Me acuerdo del Dr. Julio Biaggio y la liga por los Derechos del Hombre, que viajaron a la cárcel de Tierra del Fuego para ver cómo estaban los detenidos, también junto con algunos diputados fueron a Tierra del Fuego a vernos y armaron un "quilombazo". Además visitaron la cárcel de Viedma cuando se hizo una huelga de hambre de los detenido políticos, esto ocurrió en el gobierno de Guido, por 1962, tengo un buen recuerdo de este Perette, fue muy buen tipo, siempre que pudo nos dio una mano, vivía en un hotel, por la Av. Callao. En Viedma, sé que estaban la mayoría de los muchachos de Mar del Plata, Mariano, Menéndez, menos Centeno que estaba en Rawson, en Viedma también Oscar Digracia, Babi Molina del grupo de La Plata. Una vez se casó en la cárcel un amigo, le decíamos "Quito", se casó con una chica que se llamaba Marta Fernández, era abogada y de la Democracia Cristiana, visitaba la cárcel con una cruz colgada al cuello mas grande que la que usa Carrió (risas). Fue mucha gente para el casamiento, los casó el padre Moya.
En el 57, Perón ordena votar por el candidato de la UCRI, Frondizi. Cuando se conocen los resultados finales, le preguntan: "¿ud. qué opina general de los miles y miles de votos en blanco a pesar de su orden?", ¿sabés que contestó?, "¡Esos son más peronistas que yo!". Por eso, yo agarre mi bastón de mando, porque soy peronista y así voy a morir".
Sergio Scalise

2 comentarios:

Arian Crincoli dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Arian Crincoli dijo...

Grande mi abuelo Hector Crincoli la puta madree!! como te extraño viejitoooo!! te amo mucho!!!