Suele afirmarse que el ejercicio de la política debe excluir la violencia. Sin embargo, basta una mirada hacia atrás para comprobar que, en la historia argentina, violencia y política están sólidamente entrelazadas en los conflictos de poder. Oculta en sótanos oscuros o desatada en las calles; ejercida por oprimidos o por opresores; originada en contradicciones sociales, económicas, regionales o raciales; admitida por las leyes o al margen de ellas, la violencia es protagonista de nuestra historia y se revela inseparable de la práctica política en casi todas sus formas. Para demostrar la validez de esta afirmación, el periodista e historiador Marcelo Larraquy reconstruye en este libro momentos fundamentales del derrotero argentino. Desde la primera escena, donde un Leandro Alem vencido recorre algunas calles céntricas de Buenos Aires, cubiertas de cadáveres, hasta la voz y la presencia de Juan Perón en el balcón de la Casa de Gobierno el 17 de octubre de 1945, Marcados a fuego rastrea las múltiples formas que la violencia fue asumiendo a lo largo de ese medio siglo y nos presenta a algunos de sus protagonistas. Basado en una cuidadosa investigación, y con una prosa ágil y concluyente, Larraquy cuenta una historia de infamias y heroísmos, de traiciones y osadías, de vacilaciones y temeridades. Nuestra historia. martes, 16 de junio de 2009
Marcados a Fuego de Marcelo Larraquy
Suele afirmarse que el ejercicio de la política debe excluir la violencia. Sin embargo, basta una mirada hacia atrás para comprobar que, en la historia argentina, violencia y política están sólidamente entrelazadas en los conflictos de poder. Oculta en sótanos oscuros o desatada en las calles; ejercida por oprimidos o por opresores; originada en contradicciones sociales, económicas, regionales o raciales; admitida por las leyes o al margen de ellas, la violencia es protagonista de nuestra historia y se revela inseparable de la práctica política en casi todas sus formas. Para demostrar la validez de esta afirmación, el periodista e historiador Marcelo Larraquy reconstruye en este libro momentos fundamentales del derrotero argentino. Desde la primera escena, donde un Leandro Alem vencido recorre algunas calles céntricas de Buenos Aires, cubiertas de cadáveres, hasta la voz y la presencia de Juan Perón en el balcón de la Casa de Gobierno el 17 de octubre de 1945, Marcados a fuego rastrea las múltiples formas que la violencia fue asumiendo a lo largo de ese medio siglo y nos presenta a algunos de sus protagonistas. Basado en una cuidadosa investigación, y con una prosa ágil y concluyente, Larraquy cuenta una historia de infamias y heroísmos, de traiciones y osadías, de vacilaciones y temeridades. Nuestra historia. La UCR fue peor que Montoneros
Entrevista a Marcelo Larraquy
En Marcados a fuego, su nuevo libro, el coautor de Galimberti bucea en la historia argentina y en las formas en que se utilizó la fuerza entre 1890 y 1945.
En Marcados a fuego, su nuevo libro, el coautor de Galimberti bucea en la historia argentina y en las formas en que se utilizó la fuerza entre 1890 y 1945.
Por Emiliano Gullo - Crítica de la Argentina, 19 de mayo de 2009
"La violencia, con su carga trágica, atroz y a la vez heroica, es inherente a la vida política argentina, como tradición del siglo XIX", asegura Marcelo Larraquy. Y para sustentar esa afirmación, el historiador y periodista desmenuza revoluciones y golpes de Estado, insurrecciones y represiones, alianzas y traiciones que caracterizaron la historia nacional de Yrigoyen a Perón, período que analiza en su último libro, Marcados a fuego. La violencia en la historia argentina. El recorrido abordado por Larraquy comienza en 1890, cuando Leandro Alem e Hipólito Yrigoyen bautizaron con las armas el nacimiento de la UCR, y llega hasta la asunción de Juan Domingo Perón, en 1945. En el trayecto que separa ambos sucesos, la estrategia de la violencia aparecerá una y otra vez como el vector común para dirimir los conflictos de poder.-Muchos investigadores toman el golpe de Estado de José Uriburu (1930) como el disparador de la violencia en la vida política nacional. ¿Por qué eligió hacer el recorte historiográfico en la Revolución del Parque (1890)?
-Me interesó trabajar el período de 1890 porque el Estado conservador estaba en vías de consolidación y existió una fuerte impugnación del radicalismo, que iniciaba su conformación política. El radicalismo apeló a la violencia en forma constante contra el Régimen. Incluso, en el marco de la Revolución del Parque de ese año, fueron los primeros en bombardear Buenos Aires para dirimir un conflicto político interno. Desde distintas naves que abordaron, dominaron el río de la Plata y lanzaron bombas en el centro y sur del centro porteño. Con los liderazgos de Alem e Yrigoyen, el radicalismo entendía que la política no podía prescindir de la violencia. Lo hacían en busca de una representación política más transparente, que el Régimen les negaba, con un discurso en favor de la República.
-Un discurso muy parecido al de ahora...
-Sí, pero también con el agregado de bombas y fusiles. Los radicales eran una llamarada en la cara del orden conservador. Haciendo una extrapolación histórica –que en Historia no es aconsejable hacer- se puede decir que los radicales de entonces eran mucho más violentos de lo que posteriormente fueron los Montoneros. La UCR fue peor que Montoneros en términos de violencia. Incluso la línea armada de la UCR continuó pasados los años '30.
-Pero el jefe del radicalismo, Marcelo T. de Alvear, no apoyó la insurrección.
-Es que atento, prefería no apoyar estas acciones armadas que emergían de la propia UCR porque luego el gobierno lo apresaría a él. Y además porque decía que si esos radicales tomaban el poder, al primero que al que fusilarían sería a su propio jefe. Eso desalentó ese tipo de acciones.
-Los militares también tuvieron su revolución, pero, como usted dice, incluyó nuevas técnicas represivas.
-Exacto. En 1930, los militares instalaron el primer centro clandestino de detención que torturó a radicales, anarquistas, comunistas y hasta a los propios militares. Y uno de los interrogadores del centro clandestino, además del hijo del poeta Leopoldo Lugones, era el ministro del Interior. Y es por lo menos curioso que, muchos años después, el hijo de ese ministro fue candidato a senador por el peronismo.
-Usted sostiene que la violencia está arraigada en la política argentina. ¿Piensa que continúa vigente la estrategia de la violencia para dirimir intereses políticos?
-Es que durante el siglo XX, luego de la ley Sáenz Peña de 1912, que amplió el sufragio, los sectores de poder de la sociedad argentina, con el acuerdo primero silencioso y luego culposo de sus clases medias, reclamaron la intervención militar para terminar con una crisis política o exigir "orden". Luego se desilusionaron porque la violencia de los militares reprimió incluso a aquellos que festejaron su llegada al poder. Ese círculo se cerró luego del horror de la última dictadura militar.
-La revuelta de 2001 y su represión empujaron la renuncia del entonces presidente Fernando de la Rúa. ¿En este contexto histórico la violencia ejercida desde abajo se encuentra, de alguna manera, legitimada en el descontento de las masas?
-La legitimidad o no de la violencia es una cuestión ideológica. Es natural que cuando una revolución o un alzamiento armado o una insurrección triunfa, luego se legitima desde el Estado. Y cuando fracasa, se condena desde el poder que la frustró. Frente a la exclusión política y social, la violencia fue una manera de desobedecer al poder y lo digo pensando en el radicalismo o el anarquismo. La violencia, con su carga trágica, atroz y a la vez heroica, es inherente a la vida política argentina.
-Del peronismo/antiperonismo de mediados de los 50, se pasó después de 20 años a las disputas dentro del peronismo, materializada en la Masacre de Ezeiza ¿Cree que la nueva antinomia disidentes versus oficialistas dentro del PJ continúan encarando una violencia, pero de manera más simbólica en la lucha de poder?
-Son facciones internas que se conforman cuando el poder central –en este caso del peronismo- empieza a debilitarse. El peronismo tiene una gran capacidad olfativa para detectar hacia dónde puede virar el nuevo poder partidario. A veces ese olfato también huele sangre, pero en esta época, la violencia diría que no es ni siquiera verbal. Perón en el balcón de la casa de gobierno es una prueba de la violencia discursiva: El "cinco por uno, no va a quedar ninguno" o cuando proclamó que sería el primero en salir a vengar con fuego el bombardeo del 55.
-¿Considera que actualmente existe una "romantización" de las guerrillas de los setenta, que eleva el costado más utópico y minimiza la liturgia militar de esas agrupaciones?
-No sé, a mí siempre me interesó hurgar en la el desarrollo político-militar de las organizaciones guerrilleras, contar cómo un estudiante que ayudaba a los pobres se convertía en un militante con práctica armada y luego formaba parte de un ejército irregular.
La sangre de la Plaza
Por Alejandra Dandan - Pagina 12, martes 15 de junio de 2009
"A la larga, los muertos en realidad van a ascender a unos mil. Hubo cinco mil heridos y, en realidad, la reticencia que aún existe para abrir archivos o conseguir los nombres nos muestra que todavía vivimos en una época en la que cuesta decir la verdad". A las 12.40 de hoy, Liliana Bacalja estará detrás de la Casa de Gobierno, ante el nuevo monumento a las víctimas del bombardeo a la Plaza de Mayo, ejecutado por la Marina el 16 de junio de 1955. La primera bomba que cayó aquel día a esa misma hora mató también a su padre.
Desde el mediodía y hasta las 18, los familiares de los muertos y heridos por el bombardeo, que preludiaría el derrocamiento de Juan Perón, rendirán homenaje ante el monumento que recuerda a las víctimas en la Plaza Colón, en la explanada posterior de la Rosada. A las 18, Eduardo Luis Duhalde, secretario de Derechos Humanos de la Nación, junto a familiares e integrantes del Equipo Especial de Investigaciones del Archivo Nacional de la Memoria, presentará los resultados de una investigación que, durante los dos últimos años, buscó reconstruir y documentar la lista de muertos y de heridos recorriendo morgues, hospitales y cementerios.
Bacalja es una de las personas que participó de la investigación. La primera bomba que cayó en la plaza, sobre la boca del subte, frente al Ministerio de Economía, mató a su padre cuando ella tenía un año. Bacalja impulsó la reconstrucción completa de la lista que, en 2006, después de un primer trabajo de depuración, reunía a 321 víctimas, de las cuales 84 eran NN. En ese camino –dice–, se encontró por ejemplo con datos de quienes hasta ahora ni siquiera figuraban entre las víctimas.
Uno de los casos es la hija de una de las víctimas, que la llamó desde Francia. El padre de esa mujer –explica Bacalja– voló por los aires por la onda expansiva de una bomba que cayó contra un trolebús. El hombre terminó carbonizado en el coche en el que viajaba. Al tiempo, su mujer se casó con un francés y toda la familia se radicó en Francia. "La hija quiso hablar conmigo –dice Bacalja–, y la cité en el Archivo Histórico, donde hacemos parte de la investigación, ese día me habían dado la partida de defunción de su padre, que hasta ahora no figuraba en la lista de muertos del monumento. Yo le entregué la partida y ella, que nunca más había podido pisar la Plaza de Mayo, pudo ver el monumento".
Duhalde dará a conocer algunos de los resultados alcanzados por primera vez en 54 años. El Equipo Especial que depende de la S ecretaría será el encargado de informar las conclusiones con el número de fallecidos y sus identidades. Entre otros relevamientos, parte de la Comisión viajó a Santiago del Estero. El 16 de junio de 1955 el bombardeo alcanzó un micro con niños que, de acuerdo con las noticias de la época, había salido desde esa provincia para un encuentro con el presidente Perón. “Ese viaje no es un mito”, dice Bacalja. En un documental, entrevistaron por ejemplo al que entonces era intendente de Avellaneda, Laurentino García. "El nos dijo que les iban cruzando las manos a los cuerpos y poniéndoles un librito entre las manos, también hubo enfermeras que dieron testimonio, pero los niños todavía no están identificados, faltan partidas de nacimiento porque en Santiago del Estero no pudimos encontrar ningún dato".
Desde el mediodía y hasta las 18, los familiares de los muertos y heridos por el bombardeo, que preludiaría el derrocamiento de Juan Perón, rendirán homenaje ante el monumento que recuerda a las víctimas en la Plaza Colón, en la explanada posterior de la Rosada. A las 18, Eduardo Luis Duhalde, secretario de Derechos Humanos de la Nación, junto a familiares e integrantes del Equipo Especial de Investigaciones del Archivo Nacional de la Memoria, presentará los resultados de una investigación que, durante los dos últimos años, buscó reconstruir y documentar la lista de muertos y de heridos recorriendo morgues, hospitales y cementerios.
Bacalja es una de las personas que participó de la investigación. La primera bomba que cayó en la plaza, sobre la boca del subte, frente al Ministerio de Economía, mató a su padre cuando ella tenía un año. Bacalja impulsó la reconstrucción completa de la lista que, en 2006, después de un primer trabajo de depuración, reunía a 321 víctimas, de las cuales 84 eran NN. En ese camino –dice–, se encontró por ejemplo con datos de quienes hasta ahora ni siquiera figuraban entre las víctimas.
Uno de los casos es la hija de una de las víctimas, que la llamó desde Francia. El padre de esa mujer –explica Bacalja– voló por los aires por la onda expansiva de una bomba que cayó contra un trolebús. El hombre terminó carbonizado en el coche en el que viajaba. Al tiempo, su mujer se casó con un francés y toda la familia se radicó en Francia. "La hija quiso hablar conmigo –dice Bacalja–, y la cité en el Archivo Histórico, donde hacemos parte de la investigación, ese día me habían dado la partida de defunción de su padre, que hasta ahora no figuraba en la lista de muertos del monumento. Yo le entregué la partida y ella, que nunca más había podido pisar la Plaza de Mayo, pudo ver el monumento".
Duhalde dará a conocer algunos de los resultados alcanzados por primera vez en 54 años. El Equipo Especial que depende de la S ecretaría será el encargado de informar las conclusiones con el número de fallecidos y sus identidades. Entre otros relevamientos, parte de la Comisión viajó a Santiago del Estero. El 16 de junio de 1955 el bombardeo alcanzó un micro con niños que, de acuerdo con las noticias de la época, había salido desde esa provincia para un encuentro con el presidente Perón. “Ese viaje no es un mito”, dice Bacalja. En un documental, entrevistaron por ejemplo al que entonces era intendente de Avellaneda, Laurentino García. "El nos dijo que les iban cruzando las manos a los cuerpos y poniéndoles un librito entre las manos, también hubo enfermeras que dieron testimonio, pero los niños todavía no están identificados, faltan partidas de nacimiento porque en Santiago del Estero no pudimos encontrar ningún dato".
domingo, 14 de junio de 2009
Estamos proscriptos
Sin ningún tipo de prurito los candidatos del Frepam han declarado que están proscriptos porque el Canal 3 -el canal estatal- no les da espacio para su campaña.
Quizá le quede demasiado grande la palabra "proscripción" al reclamo, por el peso y el significado que ha tenido en la historia argentina; no podemos olvidar a los verdaderos perseguidos del pasado, primero y principalmente la de nuestros próceres y fundadores de la patria, cuantos tuvieron que exiliarse para no ser asesinados.
Proscripción ha padecido el peronismo, que además de sufrir la persecusión y encarcelamiento de sus líderes y militantes, se los fusiló; ahí está la ley 13.234 (Organización de la Nación para tiempo de guerra) aplicada por el gobierno de facto conducido por el general Aramburu y el almirante Rojas. Y no sólo hemos padecido en carne propia el infortunio de pertenecer a un movimiento nacional y popular que respondió a los intereses de los más desprotegidos y postergados por la misma oligarquía de siempre, sino que el odio y el vituperio de la clase privilegiada nos demonizó bautizándonos como "el aluvión zoológico", "cabecitas negras", "el hecho maldito del país burgués". Y como no les alcanzó con esa cizaña también nos prohibieron mediante el decreto 4161 mencionar a Perón, a Evita y a utilizar los símbolos peronistas.
Quizá le quede demasiado grande la palabra "proscripción" al reclamo, por el peso y el significado que ha tenido en la historia argentina; no podemos olvidar a los verdaderos perseguidos del pasado, primero y principalmente la de nuestros próceres y fundadores de la patria, cuantos tuvieron que exiliarse para no ser asesinados.
Proscripción ha padecido el peronismo, que además de sufrir la persecusión y encarcelamiento de sus líderes y militantes, se los fusiló; ahí está la ley 13.234 (Organización de la Nación para tiempo de guerra) aplicada por el gobierno de facto conducido por el general Aramburu y el almirante Rojas. Y no sólo hemos padecido en carne propia el infortunio de pertenecer a un movimiento nacional y popular que respondió a los intereses de los más desprotegidos y postergados por la misma oligarquía de siempre, sino que el odio y el vituperio de la clase privilegiada nos demonizó bautizándonos como "el aluvión zoológico", "cabecitas negras", "el hecho maldito del país burgués". Y como no les alcanzó con esa cizaña también nos prohibieron mediante el decreto 4161 mencionar a Perón, a Evita y a utilizar los símbolos peronistas.
La década del '70 fue la época más nefasta para todos aquellos y aquellas que asumieron el compromiso de la militancia política, es que no hubo proscripción de las ideologías que no coincidían con el proyecto neoliberal defendido a capa y espada por los militares y el establishment, sino que directamente los grupos de tarea torturaban y desaparecían.
Los militantes más jóvenes de esta provincia hablamos de recuperar la política, de afianzar otra vez el debate en la política, y eso únicamente se logrará a través de la formación de nuevos cuadros políticos. Por lo tanto la contribución que están realizando los candidatos en esta campaña es bastante mediocre; porque no se discute en el plano de las ideas, mucho menos el modelo del país en consonancia con la Patria Grande, sino que priman intereses particulares o de un sector determinado, y encima van de chanza en chanza, desmereciendo el rol que debe y debería tener la acción política: procurar el estado de bienestar para las grandes mayorías.
Esta utilización gratuita de figuras retóricas tan cara a la política -la cual se asienta sobre la memoria de muertos y desaparecidos- nos obliga a defender nuestra toma de posición, y lo hacemos para que no se siga confundiendo lo que significan los hitos que enaltecen y avergüenzan a la historia nacional.
Por eso remarcamos el error de estos candidatos en su locuaz declaración, porque corrompe y tergiversa el sentido político de la palabra 'proscripción' ante el simple hecho de exigir unos minutos en la televisión estatal. Y quizá sea mucho más peligroso el discurso efectista del re-candidato y actual senador Juan Carlos Marino porque fue uno de los primeros voceros que salió a denunciar para las cámaras de las corporaciones mediáticas porteñas las interferencias a TN y Canal 13; pero cuando se comprobó que el gobierno nacional y popular no tenía nada que ver, hizo mutis por el foro.
Que los radicales nos vengan a dar lecciones y sermones en cuanto a la violencia es algo también para comenzar a debatir y poner blanco sobre negro. Hagamos un poco de memoria, por lo menos, contemplemos el bloque histórico desde cuando emergió el peronismo, y podremos observar dónde estuvieron los radicales en cada episodio violento de nuestro país. Todos saben que participaron en las elecciones del '46 de la Unión Democrática, juntándose con socialistas, comunistas y el Partido Demócrata Nacional, es decir, los conservadores, que defendían el status quo de la década infame (como ahora lo hace la Mesa de Enlace), en oposición a la clase trabajadora reivindicada por Perón: de ahí se deduce que todo explotador es enemigo del pueblo.
Los militantes más jóvenes de esta provincia hablamos de recuperar la política, de afianzar otra vez el debate en la política, y eso únicamente se logrará a través de la formación de nuevos cuadros políticos. Por lo tanto la contribución que están realizando los candidatos en esta campaña es bastante mediocre; porque no se discute en el plano de las ideas, mucho menos el modelo del país en consonancia con la Patria Grande, sino que priman intereses particulares o de un sector determinado, y encima van de chanza en chanza, desmereciendo el rol que debe y debería tener la acción política: procurar el estado de bienestar para las grandes mayorías.
Esta utilización gratuita de figuras retóricas tan cara a la política -la cual se asienta sobre la memoria de muertos y desaparecidos- nos obliga a defender nuestra toma de posición, y lo hacemos para que no se siga confundiendo lo que significan los hitos que enaltecen y avergüenzan a la historia nacional.
Por eso remarcamos el error de estos candidatos en su locuaz declaración, porque corrompe y tergiversa el sentido político de la palabra 'proscripción' ante el simple hecho de exigir unos minutos en la televisión estatal. Y quizá sea mucho más peligroso el discurso efectista del re-candidato y actual senador Juan Carlos Marino porque fue uno de los primeros voceros que salió a denunciar para las cámaras de las corporaciones mediáticas porteñas las interferencias a TN y Canal 13; pero cuando se comprobó que el gobierno nacional y popular no tenía nada que ver, hizo mutis por el foro.
Que los radicales nos vengan a dar lecciones y sermones en cuanto a la violencia es algo también para comenzar a debatir y poner blanco sobre negro. Hagamos un poco de memoria, por lo menos, contemplemos el bloque histórico desde cuando emergió el peronismo, y podremos observar dónde estuvieron los radicales en cada episodio violento de nuestro país. Todos saben que participaron en las elecciones del '46 de la Unión Democrática, juntándose con socialistas, comunistas y el Partido Demócrata Nacional, es decir, los conservadores, que defendían el status quo de la década infame (como ahora lo hace la Mesa de Enlace), en oposición a la clase trabajadora reivindicada por Perón: de ahí se deduce que todo explotador es enemigo del pueblo.
Pero el compromiso más oscuro en la historia del radicalismo quizá sea la incorporación de correligionarios en la Revolución Libertadora (Fusiladora), incluso uno de ellos ha sido protagonista del bombardeo de la Plaza de Mayo, pues el único civil que tripuló los aviones que arrojaron sus cargas mortíferas contra la población indefensa fue el dirigente radical Miguel Ángel Zavala Ortiz. También formó parte de ese gobierno sanguinario como responsable del Ministerio del Interior el doctor Carlos Alconada Aramburú. Y el ejemplo más demoledor y contundente es que los argentinos deben saber que durante la dictadura militar del '76 -llamada Proceso de Reorganización Nacional-, este partido estuvo demasiado involucrado, donde la violencia sobre lo real superó en crueldad y desidia a todo lo sucedido en su historia moderna (también terrible fue el genocidio de los pueblos originarios).
Le recordamos a Marino, Forte, Díaz y otros, que en ese período no sólo se proscribía, sino que además se detenía, torturaba, asesinaba, desaparecía, expropiaban niños recién nacidos, y existían, como epílogo de la maldad, los vuelos de la muerte. En eso años, en este país que tanto les preocupa, junto a Videla, Massera y Agosti cumplían funciones 310 intendentes radicales.
Sería importante que los candidatos del Frepam no se olviden que sus conductores nacionales formaron parte del gobierno de la Alianza que, en su huída, dejó el saldo de 35 argentinos muertos.
Vecinos, vecinas, en dónde se halla el signo y la manifestación de la violencia? analicen con quiénes se asociaron estos dirigentes: con la SRA, que adhirió a las directivas de la dictadura, y el año pasado llevó adelante el lock out patronal con sus cortes de ruta y el desabastecimiento, y hoy en día tales productores devenidos en políticos se reúnen para formarse como "cuadros" con Vicente Massot -funcionario de Menem que todavía reivindica las torturas-, y la organización de derecha UnoAmérica (www.unoamerica.org) que concilia acciones políticas en toda Latinoamérica contra los gobiernos progresistas y emancipadores, a la que se han integrado ex carapintadas.
Esta es nuestra lectura, ustedes saquen sus propias conclusiones, y verán quienes están y se han encolumnado del lado de la violencia, incluso legitimando la misma desde los aparatos represivos del Estado.
Sería importante que los candidatos del Frepam no se olviden que sus conductores nacionales formaron parte del gobierno de la Alianza que, en su huída, dejó el saldo de 35 argentinos muertos.
Vecinos, vecinas, en dónde se halla el signo y la manifestación de la violencia? analicen con quiénes se asociaron estos dirigentes: con la SRA, que adhirió a las directivas de la dictadura, y el año pasado llevó adelante el lock out patronal con sus cortes de ruta y el desabastecimiento, y hoy en día tales productores devenidos en políticos se reúnen para formarse como "cuadros" con Vicente Massot -funcionario de Menem que todavía reivindica las torturas-, y la organización de derecha UnoAmérica (www.unoamerica.org) que concilia acciones políticas en toda Latinoamérica contra los gobiernos progresistas y emancipadores, a la que se han integrado ex carapintadas.
Esta es nuestra lectura, ustedes saquen sus propias conclusiones, y verán quienes están y se han encolumnado del lado de la violencia, incluso legitimando la misma desde los aparatos represivos del Estado.
Movimiento Evita - La Pampa
viernes, 12 de junio de 2009
Agro y violencia de clase
Por Claudio Scaletta - Página 12, miércoles 10 de junio
Desde el sentido común de las clases medias y altas suelen asociarse los comportamientos sociales desaforados a los sectores populares. La imagen tradicional va desde una movilización de de-socupados, a un acto sindical o la salida de la popular de la cancha de fútbol. Es entonces, frente al avance de las hordas, cuando los buenos vecinos cierran las persianas de sus comercios y moradas, y el aluvión zoológico mete, a sus anchas, las patas en la fuente.
Pero desde los inicios de la revuelta campera los representantes de las corporaciones agropecuarias se las ingeniaron para subvertir su propio sentido común de clase. Primero se apropiaron de la metodología de reacción utilizada por los sectores más castigados por las políticas de exclusión de los '90: los cortes de ruta. De la desazón de las clases medias urbanas en 2001 tomaron las cacerolas; ahora con teflón y en manos de "la muqui". De la desesperación de los hijos de desaparecidos por la impunidad arrebataron los escraches.
La banalización de los instrumentos de protesta social requirió un elemento adicional: el doble estándar moral. El titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, fue diáfano cuando demandó que en los piquetes se distinga el color de piel de los unos y los otros. Los medios de comunicación tomaron la posta y sólo se irritan cuando el tránsito lo cortan los morochos. Cuando las camionetas full equipe bloquean rutas y desabastecen ciudades es otra cosa.
Para las corporaciones agropecuarias y la dirigencia política que pugna por su representación, ir hasta los hogares de quienes piensan distinto a insultar y golpear, agredir físicamente a los candidatos del partido contrario, irrumpir con improperios en actos políticos o tratar de "pelotudo" a un ex presidente, son actos que pueden merecer reprobación formal, pero también comprensión. Todo vale cuando el objetivo supremo es pagar menos impuestos.
Mientras las "autoconvocadas" hordas camperas pegan, escupen, huevean, patotean e insultan a los que no piensan como ellos, su ala intelectual construye un relato de democracias, instituciones y repúblicas acosadas. Si el Gobierno defiende su modelo desde el atril, confronta y se crispa, si no acepta las imposiciones de las corporaciones, rechaza el diálogo y el consenso. Si establece un mecanismo tributario para compensar precios internos y redistribuir ganancias extraordinarias, atenta contra la propiedad privada y la seguridad jurídica. La derecha siglo XXI se renueva poco; las manifestaciones populares continúan siendo acarreos de ganado en aras del choripán. La culpa, dicen, es de la incultura y por eso pide más educación, pero arancelada.
Mientras tanto, en seis años, la actual administración nunca apeló al ejercicio de la violencia legítima desde el aparato represivo del Estado. No lo hace para contener la protesta social por los pendientes del modelo y, sin doble estándar, tampoco para responder a la creciente violencia corporativa de los empresarios del campo.
Pero desde los inicios de la revuelta campera los representantes de las corporaciones agropecuarias se las ingeniaron para subvertir su propio sentido común de clase. Primero se apropiaron de la metodología de reacción utilizada por los sectores más castigados por las políticas de exclusión de los '90: los cortes de ruta. De la desazón de las clases medias urbanas en 2001 tomaron las cacerolas; ahora con teflón y en manos de "la muqui". De la desesperación de los hijos de desaparecidos por la impunidad arrebataron los escraches.
La banalización de los instrumentos de protesta social requirió un elemento adicional: el doble estándar moral. El titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, fue diáfano cuando demandó que en los piquetes se distinga el color de piel de los unos y los otros. Los medios de comunicación tomaron la posta y sólo se irritan cuando el tránsito lo cortan los morochos. Cuando las camionetas full equipe bloquean rutas y desabastecen ciudades es otra cosa.
Para las corporaciones agropecuarias y la dirigencia política que pugna por su representación, ir hasta los hogares de quienes piensan distinto a insultar y golpear, agredir físicamente a los candidatos del partido contrario, irrumpir con improperios en actos políticos o tratar de "pelotudo" a un ex presidente, son actos que pueden merecer reprobación formal, pero también comprensión. Todo vale cuando el objetivo supremo es pagar menos impuestos.
Mientras las "autoconvocadas" hordas camperas pegan, escupen, huevean, patotean e insultan a los que no piensan como ellos, su ala intelectual construye un relato de democracias, instituciones y repúblicas acosadas. Si el Gobierno defiende su modelo desde el atril, confronta y se crispa, si no acepta las imposiciones de las corporaciones, rechaza el diálogo y el consenso. Si establece un mecanismo tributario para compensar precios internos y redistribuir ganancias extraordinarias, atenta contra la propiedad privada y la seguridad jurídica. La derecha siglo XXI se renueva poco; las manifestaciones populares continúan siendo acarreos de ganado en aras del choripán. La culpa, dicen, es de la incultura y por eso pide más educación, pero arancelada.
Mientras tanto, en seis años, la actual administración nunca apeló al ejercicio de la violencia legítima desde el aparato represivo del Estado. No lo hace para contener la protesta social por los pendientes del modelo y, sin doble estándar, tampoco para responder a la creciente violencia corporativa de los empresarios del campo.
martes, 9 de junio de 2009
El fusilamiento del general Juan José Valle
Fuente: Documentos de la Resistencia Peronista 1995-1970, recopilación y prólogo de Roberto Baschetti, Puntosur Editores.
El 12 de junio de 1956, en cumplimiento del decreto firmado por el presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu, fue fusilado el general Juan José Valle, líder del frustrado levantamiento cívico-militar producido el 9 de junio de ese mismo año.
En septiembre de 1955, la autodenominada "Revolución Libertadora" había derrocado a Perón. El 13 noviembre de 1955, el general Pedro Eugenio Aramburu asumió la presidencia del país. Durante su gobierno se intervino la CGT, se persiguió a la clase dirigente peronista, se desmanteló el IAPI, y hasta se prohibió todo tipo de mención de términos, palabras o frases vinculadas al peronismo.
El decreto 4161, del 5 de marzo de 1956, establecía: "Queda prohibida la utilización […] de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas y obras artísticas […] pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del peronismo. Se considerará especialmente violatoria de esta disposición, la utilización de la fotografía retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones 'peronismo', 'peronista', 'justicialismo', 'justicialista', 'tercera posición' la abreviatura 'PP', las fechas exaltadas por el régimen depuesto las composiciones musicales "Marcha de los Muchachos Peronistas" y "Evita Capitana" o fragmentos de las mismas y los discursos del presidente depuesto o su esposa o fragmentos de los mismos".
En la noche del 9 de junio el general Juan José Valle encabezó una rebelión cívico-militar que tuvo sus focos aislados en Buenos Aires, La Plata y La Pampa. El intento concluyó al cabo de unas pocas horas. Tres días más tarde, el 12 de junio de 1956, el general Valle fue fusilado junto a otras veintiséis personas. La medida contribuiría a profundizar todavía más los odios y rencores. Antes de morir, el general Valle envió la carta que a continuación citamos al general Aramburu:
"Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido.
Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta.
Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.
Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.
La palabra 'monstruos' brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.
Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos. Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95% de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.
Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.
Como cristiano me presento ante Dios, que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conozca un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria".
Juan José Valle. Buenos Aires, 12 de junio de 1956.
Juan José Valle. Buenos Aires, 12 de junio de 1956.
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