viernes, 20 de junio de 2008

Paren con el Desabastecimiento

Las organizaciones políticas y sociales que integran la MULTISECTORIAL EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA Y A FAVOR DE LA REDISTRIBUCION DE LA RIQUEZA, solicitan a las entidades agropecuarias que levanten los cortes de rutas que producen desabastecimiento de alimentos, combustibles y medicamentos.

Los cortes de rutas son un instrumento de lucha que utilizaron los sectores mas desposeídos de nuestra patria en busca de hacer visibles sus reclamos. Sus demandas llegaron al corazón del sistema social y político solo ante la utilización de éstos instrumentos que, si bien fueron denostados por algunos sectores de la sociedad, permitieron que la prensa difundiera sus demandas y otros sectores populares las conocieran, obteniendo en algunos casos respuestas a ellas. Pero esos métodos, en manos de sectores populares, nunca desabastecieron a una población, ni generaron los daños que hoy causan a la economía del país.

Ustedes, representantes de las entidades del Agro: Hoy no pueden argumentar que no han sido escuchados por el sistema político e institucional o que sus ideas no han sido ampliamente difundidas por los medios de prensa. Fueron mimados de los medios concentrados y acompañados ampliamente por la oposición política. Se dieron el lujo de rechazar una invitación del Gobernador de la Provincia del Chaco cuando estaban de gira buscando apoyos de gobernadores e intendentes. Recibieron múltiples respuestas del Estado. La Presidenta de la Nación ha respondido a muchas de vuestras demandas y recientemente incluso remitió al Congreso de la Nación para su debate el régimen de retenciones móviles.
Ni una pequeña parte de los beneficios que han tenido ustedes tuvieron Kosteki y Santillán, los asesinados en el Puente Chaco Corrientes en diciembre de 1.999, Teresa Rodríguez, los desalojados el 5 de enero de 2.006 en Puerto Vilelas y los millones de desposeídos que todavía tiene hoy nuestro país.
Por éstos, por los pobres e indigentes que ustedes hoy no quieren cobijar con sus miles de millones de dólares se lo pedimos: PAREN CON EL DESABASTECIMIENTO. Sus métodos de proteger riqueza excluyen, generan especulación e inflación, hacen faltar combustible y leche y cada día miles de niños y niñas deben dormir con la panza vacía POR SU RESPONSABILIDAD.

Ya que no quieren pagar impuestos para tener una Nación mas digna, por lo menos modifiquen sus desalmados métodos que perjudican al pueblo argentino.
PAREN CON EL DESABASTECIMIENTO

La MULTISECTORIAL EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA Y A FAVOR DE LA REDISTRIBUCION DE LA RIQUEZA está integrada por: Partido Frente Grande; Ateneo por la Concertación; Movimiento Libres del Sur; Partido de la Victoria; Reencuentro para la Victoria; Federación Tierra y Vivienda (FTV); Frente Transversal ; Movimiento Evita, Movimiento Barrios de Pie, Movimiento Octubres, Agrupación Felipe Gallardo, Ligas Agrarias; Movimiento de Bases; MTD Zona Norte; Lista Celeste de UTRE/CTERA, Red de Enlace Comunitario; Movimiento de Trabajadores Desocupados Zona Norte.

jueves, 19 de junio de 2008

Acto por la Democracia en Plaza de Mayo

"Debemos procesar democráticamente nuestras diferencias"

La presidenta Cristina Fernández junto al ex presidente Néstor Kirchner en el acto por la Democracia realizado en Plaza de Mayo

La presidenta Cristina Fernández encabezó esta tarde el acto organizado por el Consejo Nacional del Justicialismo, la Confederación General del Trabajo (CGT), intendentes y distintas organizaciones y movimientos sociales, en defensa del sistema democrático.
La jefa de Estado defendió la decisión de enviar al Congreso el proyecto de ley sobre las retenciones móviles; "cuando tomé decisiones para distribuir el ingreso no lo hice para perjudicar a nadie, fue para que todos los argentinos puedan vivir mucho mejor" dijo la Presidenta y agregó, "sabía que la profundización del modelo venía por la distribución del ingreso".
Frente a la crisis de alimentos que enfrenta el mundo, Cristina Fernández destacó que medidas como las retenciones móviles son instrumentos que los países hegemónicos han utilizado para proteger su producción nacional y afirmó que "por primera vez estamos ante una oportunidad histórica. Los países desarrollados necesitan más de nosotros que nosotros de ellos".
Con respecto a los cortes de ruta que impiden la normal distribución de alimentos dijo que "es imprescindible garantizar la comida en la mesa de los argentinos. Sabemos que dialogar puede ser también no estar de acuerdo pero debemos procesar democráticamente nuestras diferencias".
La presidenta Cristina Fernández subrayó que "no vinimos a agraviar ni a insultar, simplemente, vinimos a contar nuestras ideas del país que soñamos y cómo lo queremos hacer".
El acto contó con la presencia de ministros, gobernadores, intendentes, representantes de organismos de Derechos Humanos, artistas y representantes de la cultura.
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PALABRAS DE LA PRESIDENTA DE LA NACIÓN, CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER,
EN EL ACTO DE PLAZA DE MAYO.
Gracias, muchas gracias a todos por estar hoy aquí, en esta Plaza de Mayo, la plaza de todos los argentinos. Muchos de ustedes me conocen antes de ser Presidenta de la República Argentina, me conocieron como senadora, defendiendo la soberanía nacional de nuestros Hielos Continentales; me conocieron también los ex combatientes de Malvinas, cuando los acompañé en el Senado en sus luchas para lograr la ley que reconociera sus derechos; me vieron también los argentinos sentada en mi banca de diputada, junto a ese gran socialista, que fue Alfredo Bravo, reclamando la anulación de las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final; me vieron los trabajadores y sus dirigentes sindicales negarme a votar, allá en el 98', la Ley de Flexibilización Laboral y más tarde la Ley de la desvergüenza y de la Banelco; me han visto en muchas batallas, dadas con la convicción, con la pasión de mis ideas, que sé son también las de millones de argentinos.
Sabía que como Presidenta de la República iba a tener que dar alguna otra gran batalla, lo supe cuando me comprometí, ante todos ustedes, a profundizar la transformación y el cambio, que ese hombre que está aquí junto a mí, mi compañero de toda la vida, comenzó el 25 de mayo del año 2003. (Aplausos). Sabía que la profundización de ese proceso venía por la redistribución del ingreso, porque si bien millones de argentinos han vuelto a recuperar el trabajo, productores y empresarios su rentabilidad, comerciantes pudieron volver a abrir sus negocios, profesionales volver a trabajar, jóvenes volver a tener esperanzas, sabía que todavía falta mucho y siempre va a faltar.
Por eso, cuando tomé decisiones para redistribuir el ingreso no lo hice - se los juro - para perjudicar a nadie, al contrario, no fueron contra nadie, fueron para que todos los argentinos pudiéramos vivir un poco mejor; para que los alimentos, que mencioné en mi discurso de asunción, el 10 de diciembre, como un de los problemas fundamentales que íbamos a tener en el mundo, junto a la energía, llegaran a todos. Tal vez algunos creyeron que era sólo un discurso de ocasión, pero aquí está, no solamente en la Argentina, en el mundo, el problema de alimentos cada vez más caros y de una energía cada vez más cara.
Yo sueño - y ese fue mi compromiso al tomar las decisiones - de vivir un Bicentenario diferente al Centenario que vivió este país hace casi 100 años. Hace 100 años este país era el principal productor de carne y trigo, exportaba todo, sin embargo los argentinos se morían de hambre y los obreros eran apaleados y fusilados. (Aplausos).
La Argentina del Centenario vivió sus primeros cien años con estado de sitio por la violencia que la miseria, el hambre y el dolor habían desatado entre todos los argentinos.
Yo sueño con un Bicentenario diferente, con las industrias trabajando, agregando valor a sus productos para seguir sosteniendo el salario y más trabajo para los argentinos; sueño con un campo que cada vez produzca más materias primas pero que les agregue valor aquí, en nuestro país, para dar más trabajo todavía. (Aplausos). Esos son mis sueños, pero los sueños necesitan también de decisiones y del coraje necesario para tomar esas decisiones.
Cuando vine aquí el 1º de abril, a hablar con todos ustedes, yo creía que realmente estaba ante la batalla por la redistribución del ingreso porque, tal vez, quienes tenían que resignar una pequeña parte de su renta extraordinaria disputaban y discutían; creía - les juro sinceramente - que estaba ante esa batalla, la de la redistribución del ingreso, la de la lucha de los intereses naturales en toda democracia donde hay conflicto social. Pero luego, cuando comenzaron a pasar los días y yo veía que desde un sector de la sociedad, desde una corporación, cuatro personas a las que nadie votó, a las que nadie eligió, se reunían, deliberaban, decidían y comunicaban al resto de los argentinos quién podía andar por las rutas del país y quién no, me di cuenta que estaba ante otra situación muy diferente. (Aplausos).
¿Por qué? Sin insultos ni agravios, el pueblo no insulta ni agravia. Me di cuenta, entonces, que estaba ante otro escenario, ante otro cuestionamiento, ya no era retenciones sí o retenciones no, ya no eran intereses, se estaba socavando, se estaba interfiriendo en la misma construcción democrática, esa que nos dice que son los representantes del pueblo, elegidos en elecciones libres, democráticas y sin proscripciones, los que deciden, deliberan y ejecutan. (Aplausos) Esa es la Argentina democrática, la de la Constitución, la de las instituciones, la de los poderes del Estado, legal y constitucionalmente establecidos.
Pero cuando además empecé a ver a algunos que parecían colarse entre esos reclamos, y que ya no cuestionaban ni las retenciones ni nada, simplemente nos insultaban por haber reinstalado la vigencia de los derechos humanos en la Argentina, el escenario fue completo y total. (Aplausos)
Yo creo sinceramente que eran colados que siempre tratan de acercarse cuando hay conflictividad, para ver si pueden dar marcha atrás y volver a la impunidad, no se dan cuenta que es la historia y el pueblo el que decidió derribar el muro de la impunidad. Pero quiero creer sinceramente que tal vez esas cuatro personas, llevadas por la propia dinámica de los hechos, por la propia dinámica de las corporaciones que muchas veces no pueden ver más allá de sus propios intereses sectoriales, no se dieron cuenta de lo que estaban haciendo. Yo quiero en nombre de la vigencia democrática, en nombre de la Constitución, en nombre de las leyes de la República, que adviertan que si la historia primero fue tragedia hoy se repite como comedia, y que ya los argentinos no queremos más comedias, queremos por sobre todas las cosas volver a recuperar responsabilidad institucional y vigencia de la Constitución.
Cuando uno ve el mundo que hoy tenemos, cuando un dirigente lo es no solamente porque ocupa un lugar institucional sino porque además puede anticiparse a lo que viene, advierte cuánta razón teníamos en volver a retomar instrumentos básicos de la política económica del Estado como son los derechos de importación y de exportación para apuntalar un proyecto nacional y popular. (Aplausos)
Permítanme decirles que estos mismos derechos de exportación que hoy son cuestionados, junto a los derechos de importación, también formaron parte de otra política, la política de los años `90. Allí se bajaron a cero todos los derechos de exportación vinculados con lo agropecuario, se bajaron también a cero los derechos de importación, se nos cayó todo, el campo, la industria. Es entonces hora de que todos los argentinos advirtamos la importancia de estos instrumentos que los grandes países desarrollados utilizan para protegerse y muchas veces utilizaron para perjudicarnos a nosotros, los países emergentes. (Aplausos) Lo sabemos porque lo discutimos en el mundo junto a otras naciones que creen que es necesario recuperar los instrumentos de decisión nacional para construir un país más justo.
Estamos ante una gran oportunidad histórica por primera vez, por primera vez ellos necesitan más de nosotros que nosotros de ellos. (Aplausos) Seamos inteligentes, dejemos de mirarnos el ombligo, dejemos de lado esa costumbre de cierta dirigencia argentina que cuando se frustra frente al voto popular se encierra sobre sí misma y no es capaz de mirar o tender una idea mejor, y si no la tiene apoyar al que tiene una idea mejor que él.
Necesitamos todos los argentinos, todos los sectores de la producción, del trabajo, de la industria, del comercio, aunar esfuerzos para aprovechar esta oportunidad y construir el país que soñamos.
Yo empecé muy chica con esas mismas banderas que muchos de ustedes portan con orgullo. Pasaron muchas cosas argentinos, nos dividieron, nos enfrentaron los unos con los otros, civilices y militares, el campo y la industria, y solamente se beneficiaron de esos enfrentamientos muy poquitos.
Los que primero cayeron como siempre fueron los pobres, después fueron los trabajadores, después vinieron por la clase media, por esa clase media que muchas veces a partir de prejuicios culturales termina actuando contra sus propios intereses. Los intereses de la clase media son los de los trabajadores, son los de los empresarios comerciantes, son los de los argentinos que tienen sus intereses atados aquí a la tierra, que no pueden girar dólares al exterior, que tienen su casa aquí, sus hijos.
Tenemos que aprender a mirar más allá de lo que nos muestran; tenemos que aprender a escuchar más allá de lo que nos recitan; tenemos que comenzar a mirar en base a nuestros propios intereses para dejar de lado los cantos de sirena. Tuvimos demasiados cantos de sirena y nos fue muy mal.
Por eso yo quiero desde aquí, desde esta Plaza de Mayo que, como dije ayer, empezó siendo de los peronistas, pero que después de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo es de todos los argentinos (Aplausos); desde esta Plaza quiero convocar a todos a que discutamos en este acuerdo del Bicentenario cómo podemos mejorar nuestras políticas agropecuarias para producir más, pero también para que los argentinos sigan comiendo bien, es imprescindible garantizar la mesa de los argentinos.
También tenemos que saber y decidir los argentinos cómo queremos vivir y convivir. Tenemos que aprender que muchas veces puede haber diálogo, discusión y debate, y ojalá que haya acuerdo, pero también sabemos que dialogar puede ser no estar de acuerdo en algún punto. Tenemos que aprender de una buena vez por todas a procesar democráticamente nuestras diferencias. Tal vez con tanto golpe de Estado, con tanta interrupción institucional que hemos vivido, creemos que todo se arregla con intolerancia, con golpes, con bocinas, cacerolas o corte de ruta.
Yo creo sinceramente, argentinos, que así no se arreglan las cosas, al contrario, cada vez se desarreglan más. Siento que nos tenemos que dar la tarea todos, sin excepciones, empezando por quien habla, de contribuir a construir más democracia y más institución.
Yo les pido a quienes tal vez, estoy segura, equivocados por la propia dinámica sectorial, equivocaron el rumbo y quisieron mandarnos a todos los argentinos, a decirnos por dónde podíamos pasar y por dónde no, si pasaba combustible, pasaba leche o pasaba pan. Yo creo que estuvieron confundidos. Por eso les pido que en nombre de la democracia, que en nombre de la Constitución, que en nombre de las leyes, liberen las rutas y dejen que los argentinos volvamos a producir y trabajar. (Aplausos)
No tengan miedo ni dudas al ejercer su representación sectorial, porque si realmente son representativos seguramente no va a ser necesario que corten ninguna ruta para que no se comercialicen granos o carne. Debemos entonces tenderles la mano y llamarlos a la reflexión, no en nombre del Gobierno, tampoco en nombre de esta plaza, sino en nombre de los millones y millones de argentinos a los que todavía les falta seguridad, paz, pan y trabajo. En nombre de ellos, de los que todavía sufren, los convocamos a este acuerdo del Bicentenario.
Quiero decirles y quiero que todos nos vean y nos escuchen, porque esta es una plaza del amor y de los sueños, que no vinimos a agraviar, no vinimos a insultar, simplemente a contar nuestras ideas del país que soñamos y cómo lo queremos hacer. A los que crean que pueden hacerlo mejor que nosotros, y seguramente habrá quien lo pueda hacer mejor que nosotros, los invitamos a que democráticamente se constituyan como partido político y en las próximas elecciones reclamen el voto del pueblo para ejecutar sus políticas y su modelo. (Aplausos)
Así se construye calidad institucional, así se construye democracia, así se defiende la Constitución y así se hace honor a la bandera y a la historia de la Patria.
Muchas gracias por esta Plaza de todos los argentinos, por la Plaza de los sueños y del amor, del país más justo, más democrático, por la democracia, por las instituciones, por la Constitución. Todos juntos hacia el Bicentenario. Gracias Argentina, gracias a todos.
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martes, 17 de junio de 2008

En homenaje a todos los mártires de la lucha por la liberación nacional


16 de junio de 1955: La Masacre de Plaza de Mayo - El mayor crimen del siglo XX contra una población civil e indefensa

por Gonzalo García

La masacre del 16 de junio del 55, por la forma y el nivel de la violencia ejercida marca una bisagra en las prácticas represivas del poder oligárquico en la Argentina contemporánea.

"…nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: La experiencia colectiva se pierde, las lecciones colectivas se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de las otras cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo".

Rodolfo Walsh

La Masacre Olvidada
En el mes de junio del 2005, coincidiendo con el 50 aniversario de los bombardeos, se publicaron los únicos dos libros que se escribieron sobre este estremecedor hecho histórico. Solamente dos libros publicados en un período de 50 años: "La masacre de Plaza de mayo" de Gonzalo Chávez, Ed. La Campana y de Daniel Cichero, "Bombas sobre Buenos Aires, gestación y desarrollo del bombardeo aéreo sobre Plaza de Mayo". Ed. Vergara. Ambos trabajos, admirables y meritorias investigaciones, asumen con pasión y rigor la crónica histórica, para empezar así, a saldar la deuda que la sociedad argentina toda tiene con los mártires del 16 de junio. Ambos trabajos, realizados sobre la base de múltiples fuentes tienen las discrepancias propias de un estudio de memoria colectiva. Y, reconstruyen la nómina de muertos que, hasta el día de hoy, no precisa con certidumbre el número de víctimas. El bombardeo de Plaza de Mayo ha sido silenciado a lo largo de los años. En contraste con la enormidad del crimen, las narrativas sobre el 16 de junio son escasas. Hubo, sí, algunas crónicas producidas en el campo de la investigación periodística o como práctica complementaria a la militancia política. Pero, por lo general, el 16 de junio ha sido solamente descrito como un suceso más de la serie que jalonaron el camino al golpe de septiembre del 55. Consideremos, solamente a título de ejemplo, un trabajo del periodista-historiador Félix Luna, escritor "equilibrado" capaz de reconocer las virtudes y los defectos de los antagonistas, aunque, siempre termina resultando funcional a la historia oficial, a la historia de la oligarquía, a la historia escrita por los criminales. El mencionado periodista- escritor, en su obra "Breve historia de los argentinos" Ed. Planeta, de gran éxito comercial, en la página 234 expresa lo siguiente: "Lo demás es historia conocida, bombardeo a la Plaza de Mayo y consiguiente masacre de 200 a 300 personas que andaban por ahí (sic), cuando lo que buscaban era matar a Perón que estaba en el Ministerio de Guerra. Esa noche se desataron todos los demonios..." Demasiado breve la referencia del profesor Luna, demasiado breve, ligera y falaz. Las 200 o 300 personas muertas resultaron ser al día de hoy 375, algunos hablan de más de 400. Se olvida de los 2.000 heridos de los cuales más de 250 quedaron inválidos para toda la vida. No menciona tampoco que las personas "que andaban por ahí", eran civiles indefensos, muchos de ellas mujeres y niños que se encontraban en la plaza para presenciar un desfile aeronáutico en desagravio a la bandera que había sido quemada 5 días antes. No menciona tampoco que Buenos Aires era una ciudad abierta, y que no existía una guerra declarada entre las partes. Que ese bombardeo fue un intento de golpe de estado contra un gobierno constitucional elegido por más del 60 % de los sufragios, esto también lo oculta... Y obviamente también oculta, maliciosamente, la participación de civiles en el intento, entre ellos, Miguel Zavala Ortiz, que fue durante el gobierno de Arturo Illía Canciller de la Nación. Este relevante dirigente radical voló con los aviones que bombardearon inocentes y asumió como Ministro de Relaciones Exteriores, años después, sin que mediara el más mínimo gesto,… ni hablar de arrepentimientos o autocrítica. En fin, para el profesor Luna las "200 o 300 personas que andaban por ahí" fueron asesinados por un error de cálculo militar… Los marinos solo querían matar a Perón… Fue un lamentable equívoco, parece, según el mencionado Luna… un error. Oculta de esta manera, que los aviones ametrallaron intencionalmente y a mansalva a los civiles sorprendidos que se encontraban en la plaza. Ocultar, mentir, olvidar, esa es la metodología de la historia del Régimen y, de esta manera artera, las clases dominantes se adueñan de la historia diría Walsh. Pero, Rodolfo Walsh insinúa también una esperanza: que "es posible que se quiebre el círculo". Esa es la intención de estas reflexiones, quebrar desde humildes espacios militantes, el círculo de mentiras y patrañas de la "historia oficial" para que el pueblo sea dueño definitivamente de su propia historia, una historia de Verdad y Justicia. Quebremos el círculo entonces y no minimicemos el 16 de junio de 1955 porque, hace 52 años, en la ciudad de Buenos Aires se consumó, indiscutiblemente, la mayor masacre del siglo XX contra una población civil e indefensa.
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Antecedentes
La del 16 de junio, era la segunda intentona militar para matar a Perón. El 28 de septiembre de 1951, el general Benjamín Menéndez había encabezado un levantamiento, dentro del cual, el entonces capitán Alejandro Agustín Lanusse tenía asignada la misión de atentar contra la vida del general Perón. El atentado fracasó, Lanusse y sus secuaces fueron detenidos, este es el mismo General Lanusse que fue en los principios del 70 Presidente de facto de los argentinos. Responsable político entre otras cosas, de la matanza de Trelew el 22 de Agosto de 1972. La situación política se había agravado seriamente en 1955. Unos días antes al bombardeo, el 14 de junio, una marcha por Corpus Christi hacia el Congreso Nacional y bajo la consigna "Cristo Vence", recorre la avenida de Mayo y reúne a todos los partidos de la oposición. Una vez más en la historia argentina la Iglesia lograba reunir a toda la oposición, radicales, socialistas, conservadores, nacionalistas y comunistas. Los manifestantes arrancan placas del frente del edificio del Congreso y llegan a izar dos banderas amarillas del Vaticano. Y tras esos incidentes, la policía encuentra una enseña nacional quemada. Así, la oposición quedó complicada gravemente en el hecho. Aunque, de inmediato, ellos atribuyeron el agravio a un plan urdido por el jefe de la policía federal. Una vez más y como siempre, la culpa la tenían "los peronistas…" El enfrentamiento, entre el gobierno peronista y un sector conservador de la Iglesia Católica, venía tensándose hacía unos meses a causa del proyecto de ley para separar la Iglesia del Estado presentado por el oficialismo. Al proyecto en cuestión se sumaban otros dos de similar efecto irritante para los sectores reaccionarios de la Iglesia: cese de la enseñanza religiosa obligatoria en las escuelas públicas y la Ley de Divorcio. En ese marco, aquel 16 de junio, Perón decide organizar un desfile, en tierra y aire, para desagravio a la bandera nacional quemada en los incidentes del 14. Esa circunstancia es la que acelera los planes de los conspiradores. Vieron la posibilidad, que la salida de sus aviones iba a pasar desapercibida para los otros mandos militares. El plan estaba en marcha.
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Los hechos, sus autores y las víctimas
A las 12:40 de aquel día 16 de junio, el capitán de fragata Néstor Noriega inicia el bombardeo al mando de un avión Beechcraft y le sigue el capitán de corbeta Santiago Sabarots. Cada uno lanzó una bomba de 50 kilos.El diario Clarín narra al respecto: "incendió y transformó (la bomba) en chatarra dos automóviles estacionados junto al cordón de la vereda, mientras la segunda destruía a otros dos vehículos". "Las esquirlas habían matado a las primeras ocho personas, a las que manos piadosas les cubrieron el rostro con diarios". La cuadrilla, integrada por cuarenta aviones, había salido de la base aeronaval de Punta Indio y durante tres horas, cubrió de sorpresa, dolor y muerte la histórica plaza. En medio de las corridas envueltas por el pánico, los disparos sin descanso de las ametralladoras dejaron huellas que aún hoy se pueden ver, por ejemplo, en el frente del edificio del Ministerio de Economía que da a la avenida Leandro Alem.En la Casa de Gobierno impactaron 29 bombas, seis sin estallar: Allí hubo 12 muertos y 55 heridos, entre civiles empleados y militares. Tras arrojar unas 100 bombas de entre 50 y 100 kilogramos, la masacre quedó consumada: 350 personas muertas y otras dos mil heridas. La inmensa mayoría eran civiles que se encontraban aguardando el desfile aeronáutico, trabajadores que se hallaban en el lugar, y empleados que se dirigían a almorzar.Un trolebús repleto, frente a la plaza Colón, detrás de la Casa de Gobierno, fue perforado por una bomba: sólo allí hubo 65 muertos, la mayoría de sus cuerpos quedaron despedazados por la tremenda explosión que dio de lleno en el trolebus. Otro transporte recibe un bombazo en avenida Las Heras y Pueyrredón, en cercanías de la antigua residencia presidencial, donde algunos disparos dieron en varios frentes de vivienda y produjeron muertos y heridos. El predio era el conocido "Palacio Unzué", residencia alternativa a Olivos del Presidente de la Nación, es el mismo predio sobre el que hoy se levanta la biblioteca Nacional. En otro sitio, en el conurbano bonaerense, una columna de soldados del Regimiento de Infantería de La Tablada, también fue bombardeada desde aviones rebeldes. Tres fueron los muertos y seis los heridos. Los alrededores de la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT), en Azopardo e Independencia, son también ametrallados, cuando comenzaban a reunirse los trabajadores que eran movilizados en camiones para defender al gobierno justicialista.El símbolo de esa desigual lucha, entre miles de manifestantes y los militares golpistas, fue quizá el obrero Héctor Passano. "Cayó partido por la mitad cuando intentaba abatir un avión Gloster Meteor con un revolver". Aquella mañana de junio, hubo también algunos combates en tierra. Un grupo del Cuarto Batallón de Infantería de Marina, al mando de Juan Carlos Argerich, se apoderó del edificio del ministerio de Marina. Los infantes tenían los nuevos fusiles semiautomáticos belgas, recién ingresados de contrabando en el último viaje de instrucción de los alumnos de la Escuela Naval de Río Santiago, que dirigía el contralmirante Isaac Rojas.Casi a las dos de la tarde, esos infantes de Marina, atrincherados en las cercanías de la Casa Rosada, en el sector de la Plaza Colón, tras disparar a mansalva a la población, tuvieron que capitular al ser rodeados por cuatro tanques Sherman. Las tropas leales estaban al mando del general de Ejército, Ernesto Fatigati y se desenvolvían en medio de los miles de trabajadores que habían comenzado a rodear el edificio de los marinos que amenazaban con lincharlos. Entonces, los jefes golpistas, contralmirante Samuel Toranzo Calderón y el comandante de la fuerza, vicealmirante Benjamín Gargiulo, tuvieron que rendirse. Eran las cuatro de la tarde. Todos los sublevados fueron detenidos, salvo Gargiulo que se suicidó con un tiro en la sien. Los restantes sublevados, incluido Zavala Ortiz, el jefe de los autodenominados comandos civiles, habían huido al Uruguay en treinta y seis aviones. Los aviadores navales sublevados que descendieron en Montevideo fueron recibidos por el ex oficial del Ejercito Carlos Guillermo Suárez Mason, prófugo en ese momento de la Justicia argentina, quién estaba exiliado en Uruguay desde 1951, era uno de los responsables del abortado golpe de estado contra el gobierno justicialista. Este personaje siniestro, es el mismo general que después será el Jefe del Primer Cuerpo de Ejercito durante la última dictadura militar. Conocido como "Pajarito" Suarez Mason, fue uno de los jerarcas de más peso de la dictadura del 76. Murió recluido en la cárcel de Villa Devoto en el año 2005 a los 81 años. Perseguido por la justicia argentina e italiana, capturado por la INTERPOL, condenado por violación a los derechos humanos y otras causas de corrupción económica, le fueron comprobados 47 asesinatos y 23 secuestros. No es de asombrar que, el entonces Teniente de Navío Eduardo Emilio Massera fuera participe de la masacre. Era, en ese momento el secretario del almirante Oliveri, comandante de la marina. Sí, estamos mencionando al mismísimo Massera. El comandante "Cero", el hombre que con el grado de almirante integró la Junta Militar del golpe del 76, condenado en el Juicio a las Juntas durante el gobierno de Alfonsín, el mismo que hoy se encuentra en prisión domiciliaria por la comisión del delito de sustracción y desaparición de menores. Parecería, que la masacre de Plaza de Mayo fue para algunos de los actores de la misma, una "escuela" de terrorismo de Estado que profundizaron hasta la ignominia años después... También estuvieron implicados en la masacre: Horacio Mayorga (volveremos a éste oscuro personaje cuando abordemos la masacre de Trelew en la cual estuvo implicado) y el entonces Capitán de Navío Oscar Montes que fue posteriormente con el grado de Almirante, Canciller de la dictadura del 76. Entre los pilotos que manejaban los aviones bombarderos se encontraba el que luego fue el Brigadier Osvaldo Cacciatore Intendente de facto de la Capital Federal durante la dictadura y el hermano de Massera de nombre Carlos A. Massera. Es también imprescindible que mencionemos a algunos de los políticos, de los civiles, "paladines de la democracia", que participaron en esta masacre: el ya mencionado radical unionista Zavala Ortiz, que voló en uno de los aviones y estuvo exiliado en el Uruguay, éste es el mismo personaje que fue Ministro de Relaciones Exteriores del vulnerable y formalmente democrático gobierno de Arturo Illia en los ´60.El dirigente "nacionalista" Mario Amadeo y, cerrando esta galería de "próceres democráticos" el inefable "Norteamérico" Ghioldi, dirigente del Partido Socialista que en la manifestación del 1ro de Mayo de 1956 expresó "Se acabo la leche de la clemencia" incitación gorila ésta, para instigar la represión sobre el pueblo peronista. Para este dirigente socialista y humanista, la sangre derramada por los mártires del 16 de Junio, no era suficiente… Terminó su alocada carrera ideológica como Embajador de la dictadura en Portugal. Y, ya para terminar la crónica de esta trágica jornada del 16 de Junio del 55, sólo resta contar cómo en la noche de ese día aciago, parafraseando a Felix Luna "se desataron todos los demonios". Gruesas columnas de humo se elevan en el centro de la ciudad, una multitud enardecida por los crímenes se moviliza y marcha sobre las iglesias. Así fueron quemados los edificios de la Curia metropolitana y algunos otros templos del centro de la ciudad. Cabe destacar que en los barrios de Buenos Aires no hubo un solo incidente contra la iglesia, no se molestó a ningún cura, ni se profanó ningún templo. Todo ocurrió en el centro de la ciudad. Este incidente es también un punto oscuro en la historia de la Argentina contemporánea en cuanto a imputación de responsabilidades, que debe ser saldado por los historiadores y por la sociedad toda. Finalmente, afirmamos que, la masacre del 16 de junio del 55, por la forma y el nivel de la violencia ejercida marca una bisagra en las prácticas represivas del poder oligárquico en la Argentina contemporánea. El ametrallamiento y el bombardeo sobre la población civil indefensa dan inicio a un nuevo capítulo de la violencia institucional. Aquí se inicia el terrorismo de estado, que los sectores reaccionarios y antidemocráticos pondrán en marcha en forma sistemática para la resolución de los conflictos políticos.
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16 de junio de 1955


Bombas sobre Plaza de Mayo

por Roberto Bardini

En la mañana del 16 de junio de 1955, efectivos de la marina de guerra y "comandos civiles" intentan sin éxito copar la Casa Rosada y tomar prisionero al presidente Juan Perón. El mandatario busca refugio en el edificio del ministerio de Guerra y se dispone a sofocar la rebelión. A mediodía, aviones la Armada bombardean y metrallan la sede del gobierno y la Plaza de Mayo. Una de las primeras bombas estalla en el techo de la Casa Rosada. Otra, le pega a un trolebús lleno de pasajeros y mueren todos. Los aviadores subversivos lanzan nueve toneladas y media de explosivos.
Hay 350 muertos y 2 mil heridos. Setenta y nueve personas quedan lisiadas en forma permanente. Los agresores huyen hacia Uruguay, donde solicitan asilo político. Al día siguiente, el diario Clarín -que no se caracteriza por sus simpatías peronistas- escribe: "Las palabras no alcanzan a traducir en su exacta medida el dolor y la indignación que ha provocado en el ánimo del pueblo la criminal agresión perpetrada por los aviadores sediciosos". Fue la segunda vez en toda la historia argentina que la ciudad de Buenos Aires era bombardeada. La primera ocurrió durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807. En esta ocasión, a mediados del siglo veinte, no existía un estado de guerra, quienes atacaron por sorpresa vestían uniformes militares argentinos y las víctimas fueron civiles desarmados, también argentinos. El ataque a traición de los aviadores navales produce un terrible impacto en la población. Durante meses no se habla de otra cosa en los hogares de todo el país. En Dossier secreto "El mito de la guerra sucia", el periodista norteamericano Martin Andersen cita el informe de un analista de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, quien describe este estupor generalizado: "El bombardeo del 16 de junio de 1955 explotó con una fuerza cataclísmica, por tanto, sobre una población civil condicionada por un siglo de paz y que tenía la confirmada creencia de que semejantes cosas no ocurrían en la Argentina. Se detecta en la gente no sólo el sentimiento de escándalo, sino de vergüenza de que semejante matanza de civiles inocentes pudiera haber ocurrido en el corazón de Buenos Aires". Perón no quiere enfrentamiento entre las fuerzas armadas y, mucho menos, entre militares y trabajadores. Aquel 16 de junio de 1955, después del primer bombardeo a la Casa de Gobierno, el general le ordena a un mayor del ejército que fuera a hablar con el secretario general de la CGT:

- Ni un solo obrero debe ir a la Plaza de Mayo -le dice al oficial. Y refiriéndose a los aviadores navales, agrega: -Estos asesinos no vacilarán en tirar contra ellos. Ésta es una cosa de soldados. Yo no quiero sobrevivir sobre una montaña de cadáveres de trabajadores.

El relato de este hecho tiene una dimensión mayor porque su autor es Pedro Santos Martínez, un historiador insospechado de simpatías peronistas (citado en 1946-1955 - La nueva Argentina, La Bastilla, Buenos Aires, 1988).

Los obreros salieron a la calle igual, al grito de "¡Perón, Perón!"
Muchos fueron masacrados desde el aire o al quedar atrapados entre dos fuegos.
Martínez describe otro episodio que da una idea de las convicciones morales de los golpistas. Por la tarde, los subversivos atrincherados en la Secretaría de Marina despliegan una bandera blanca que, de acuerdo a las reglas militares, sólo podía significar dos cosas: diálogo o rendición. El general peronista Juan José Valle y otros oficiales leales se dirigen al lugar para parlamentar, con instrucciones de ser tolerantes con los rebeldes. Cuando la comisión se acerca al edificio, la bandera blanca es arriada y una ametralladora los recibe con ráfagas de plomo.

Perón narra en su libro Del poder al exilio, citado por Martínez, que cuando una multitud enardecida se concentró con garrotes frente a la Secretaría de Marina, el almirante golpista que estaba al mando envió un "dramático" mensaje al jefe del ejército: "Intervenga. Mande hombres. Nos rendimos, pero evite que la muchedumbre armada y enfurecida penetre en el edificio".

Ese mismo día, después de recuperar el edificio, el general Valle le dijo a Perón:
– Mi general, este ejército no le va a servir para la revolución popular. Arme a la CGT.

En la noche, como reacción popular a los bombardeos, son saqueadas e incendiadas la Catedral Metropolitana y diez iglesias. Poco después, trasciende que Perón ha sido excomulgado por el Papa Pío XII, quien siempre se negó a tomar idéntica medida con Mussolini y Hitler.
Durante años, los antiperonistas repetirán que los incendiarios de los templos contaban con la complicidad de policías y bomberos. Y los historiadores oficiales pondrán más énfasis en la quema de las iglesias que en la masacre de civiles perpetrada horas antes por la aviación naval. Años después, muchos jóvenes repetirán lo que escucharon de chicos en sus casas.
Luego del bombardeo a la Plaza de Mayo, Perón no sólo no toma revancha contrariando el sentimiento de sus propios seguidores, sino que busca la pacificación interna. En julio, levanta el estado de sitio, deja en libertad a varios detenidos políticos y elimina algunas restricciones políticas. El 31 permite utilizar la radio, el principal medio de comunicación de la época, a dirigentes opositores.
Perón ofrece renunciar a la jefatura del movimiento peronista y mantener sólo el cargo de presidente de la nación. En búsqueda de la reconciliación, el general cambia a integrantes de su gabinete, sustituye al jefe de policía y se desprende de Raúl Apold, su jefe de propaganda. Al mismo tiempo, designa a John William Cooke como interventor del partido en la Capital Federal. Sin embargo, la situación ha llegado a un punto sin retorno. Conservadores, radicales, nacionalistas liberales, comunistas y socialistas exigen la renuncia del presidente. El Ejército, la Marina y la Aeronáutica conspiran abiertamente y los "comandos civiles" se organizan. Tres meses después, Perón será derrocado por la llamada "revolución libertadora", un antecedente de la ciénaga sangrienta instaurada en 1976.

(*) Publicado el 15 de junio de 2003 en Rodelu.net

El Movimiento Bambú está contra lo «políticamente correcto», el «pensamiento único» y la «globalización» impuesta desde arriba. Está a favor de la ética, las relaciones fraternales entre personas y la universalidad construida desde abajo.

“El dolor está en otro lado”

Lunes, 16 de Junio de 2008

Entrevista con el sociólogo Christian Ferrer sobre el conflicto agrario
El problema de la Argentina no es el hambre, sino "la injusticia distributiva", y sus víctimas no son los productores rurales, sino los sectores sociales más empobrecidos, dice Ferrer. Vincula las formas que asume el conflicto con una nueva etapa de la democracia.

Por Javier Lorca
"Quizás el hecho de que asociaciones rurales antes enfrentadas hayan unido fuerzas no responde únicamente a los intereses en común, sino también a que los principales dilemas políticos de la época inmediatamente posterior a la dictadura militar importan menos que antes." Christian Ferrer, ensayista, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), esboza la idea de que los modos que asumió el conflicto entre el Gobierno y el sector agrario se vinculan a la herencia de la crisis de 2001 y a que "las expectativas políticas del electorado" tienen una relación cada vez más débil con el pasado dictatorial. También plantea su desacuerdo con los colegas suyos que han advertido la existencia de un "clima destituyente" y señala un aspecto silenciado en el debate.
–El conflicto agrario, ¿manifiesta un antagonismo entre proyectos sociales opuestos o sólo es una puja por la apropiación de rentas extraordinarias sin cuestionar el modelo dominante?
–Es una disputa por la renta, y no por migajas sino por tajadas de una torta tamaño familiar de la que comen muchos. En comparación con los países del "Primer mundo", Argentina es pobre, porque el modelo de necesidades y expectativas económicas proviene del Norte. En comparación con Africa y Asia, Argentina es riquísima. Pero los compatriotas ambicionan el estilo de vida de quienes viven en Miami o en Barcelona, no el que permiten actualmente Cuba o India. No es hambre el problema de Argentina, sino la injusticia distributiva de riqueza de un país que puede nutrir, con sus exportaciones de alimentos, a 300 millones de personas. Es curioso que los productores de oro en cereal se presenten como víctimas de las decisiones económicas tomadas por el Gobierno por cuanto constituyen un sector social al que puede considerarse, desde el año 2001 en adelante, ganador nítido de la vuelta de campana dada por la nave argentina. Desde entonces bailan el tango patrio –en el exterior– al ritmo contante y sonante de 3 pesos por un dólar. Es cierto que la gente del campo hace esfuerzos, pero eso rinde sus frutos, y es cierto también que las camionetas 4x4 les sirven para ingresar a sus campos pavimentados de soja, pero eso no los hace pobres, muy por el contrario. La cantidad de hectáreas que posee o alquila un pequeño productor local lo transformaría, en numerosos países del mundo, en un terrateniente. Una cuestión de escala. El dolor y la incertidumbre están en otro lado, comenzando por los compatriotas que tuvieron la mala suerte de nacer en zonas urbanas y rurales donde las semillas transgénicas nunca dan brote alguno y que encima están sometidos a intendentes, legisladores y gobernadores inútiles, ignorantes y mezquinos, siguiendo por los empleados, obreros, cuentapropistas y desempleados que viven al día, y terminando con todos aquellos que no pueden garantizarse adecuados tratamientos médicos, odontológicos, dietéticos, turísticos y hasta cosméticos. Puede ser que el "campo" se divida entre "grandes" y "chicos", es decir que no todo es igual en la pampa gringa, pero la pobreza también es múltiple, y se multiplica aún más. En todo caso, las víctimas del "modelo dominante" son muchísimos más que las 200 mil personas congregadas en torno del Monumento a la Bandera.
–¿Comparte la caracterización de que la situación actual está atravesada por un "clima destituyente"?
–No, son cucos poco convincentes. Sucesivos espantapájaros que no resultaron tales han sobresaltado al progresismo en los últimos diez años: Duhalde, Ruckauf, Blumberg y ahora De Angeli abollando la cacerola. La tesis del golpe de Estado es cortina de humo, alarmismo infundado o gimnasia intelectual de mesa redonda, y se corresponde simétricamente con las denuncias arrebatadas de "represión kirchnerista" voceadas por sus contrincantes. Este país no es Suiza, ni siquiera Uruguay, y el Gobierno abusa, a veces, de la intimidación, pero si aquí hubo un hecho grave, eso fue el asesinato de un maestro en la provincia de Neuquén, gobernada por un candidato a la presidencia de un partido de la oposición. Las últimas represiones importantes en el país sucedieron durante el gobierno de Eduardo Duhalde y en el final del gobierno de Fernando de la Rúa. Otra cosa es que unos y otros anden a la búsqueda de escaramuzas de resultado incierto. ¿"Clima destituyente"? En Argentina la política parece reducirse a eso: horadar, minar los puntos fuertes del adversario. La centralidad política que ha asumido este conflicto se debe a que el vendaval del 2001 se llevó puestos a los principales partidos políticos –a excepción del peronismo– que no lograron recuperarse en las elecciones de octubre del año pasado. Justamente por eso los opositores, y unos cuantos peronistas rezagados o insatisfechos, se han lanzado como cuervos hambrientos a picotear de las sobras que inevitablemente dejará la pugna entre los productores rurales y el Gobierno. La política no admite el vacío y el campo, momentáneamente, lo llenó, lo que permite al Gobierno designar un enemigo y constituirse en torno a él. Es una apuesta –y una maniobra pobre– que no carece de riesgos, pero es ineludible que todo culmine en una mesa de negociaciones entre socios ofendidos, lo que no excluye el aderezo de la necedad, que es el atributo psicológico mejor repartido entre las clases dirigentes del país.
–¿Cómo se inscribe el conflicto en el devenir de la democracia argentina?
–Quizás el hecho de que asociaciones rurales antes enfrentadas hayan unido fuerzas no responde únicamente a los intereses en común, sino también a que los principales dilemas políticos de la época inmediatamente posterior a dictadura militar importan menos que antes. Ahora importa exportar soja para los chanchos chinos o transformar al maíz en biocombustible, un insumo vital para dueños de automóviles, es decir una tecnología cotidiana que está entre las principales causas de muertes en calles y rutas de todo el mundo. En todo caso, la memoria histórica, en este país, es de corto alcance porque los argentinos prefieren huir hacia adelante. Lentamente, el recuerdo de la dictadura está dejando de dar forma a las expectativas políticas del electorado. Además, el conflicto es un síntoma de que algo puede haberse fracturado en el vínculo de amplias clases medias con el Gobierno. Ya sucedió antes: con Alfonsín, después de los sucesos de la Semana Santa de 1987, con De La Rúa luego de la renuncia de su vicepresidente. Antes aún, con la dictadura, al final de la Guerra de las Malvinas.
–Más allá de las diversas posturas que han aflorado, ¿el conflicto revitalizó la intervención de los intelectuales en el debate político?
–No sé. Abunda el posicionamiento, el narcisismo, la moralina, o el discutir por comas y comillas. Tampoco ayuda a comprender la situación la superfluidad de concederle al Gobierno un aura de populismo de altiplanicie o de costa caribeña, error simétrico al de quienes gustan de unir en un panteón pulcro a los gobiernos de Chile, Brasil y Colombia. Se puede jugar al dominó, pero lo cierto es que son procesos sociales y políticos, incluso étnicos, no del todo equivalentes. Quizás algunos se sienten concernidos por la fragilidad de fondo de un gobierno al que juzgan preferible a otros, pero si en él hay una dosis de debilidad es más por demérito propio que por acción de los adversarios, o porque su origen, en el 2003, fue fruto de circunstancias históricas en las cuales la virtud y la tómbola fueron inescindibles, o bien porque este país se parece más a un toro de lidia que a una vaca lechera.
–¿Qué temas han estado ausentes en el debate?
–Llama la atención un silencio compartido por unos y otros: nadie cuestiona a las políticas internas del gobierno chino, que por cierto es una de las peores dictaduras del mundo ahora objeto de deseo tanto de exportadores como de retencionistas. China está gobernada desde hace sesenta años por el mismo partido monopólico que a comienzos de la década de 1960 dejó morir de hambre a casi dos millones de personas por causa del fracaso de la política económica conocida como "gran salto hacia adelante", que pocos años después provocó el asesinato de un millón y medio de opositores en la época de la "Revolución Cultural", además de los doce millones de personas que fueron obligadas a hacer trabajos forzados en villas rurales a modo de educación "proletaria"; el mismo régimen que hace casi veinte años masacró a los estudiantes congregados en la plaza Tien-An-Men y que este mismo año reprimió, una vez más, al pueblo tibetano. Se sabe: negocios son negocios. No es algo nuevo: en la época del general Videla y del economista Martínez de Hoz el país se negó a unirse al embargo cerealero contra la Unión Soviética promovido por los Estados Unidos basándose en el lema "El enemigo (comunista) de mis amigos (liberales) es mi cliente". Lo peor de todo son los falsos moralistas de la oposición, abundantes en programas periodísticos de la televisión y en columnas de opinión de varios periódicos. Que a notorias dictaduras se les venda trigo, carne o soja por motivos pecuniarios o políticos, o porque al país así le conviene, es comprensible, pero que tantos moralistas de fin de semana se irriten por la visita oficial del tiranuelo de Guinea Ecuatorial a Buenos Aires o por los raptos de prepotencia del comandante Chávez en tanto callan sobre los desmanes del nuevo cliente internacional de la Argentina resulta un ejercicio de hipocresía. Es gente de lengua bífida que prefiere negociar con dictadores de verdad y no con sus parodias en miniatura.
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El golpe está en marcha

por Rubén Dry
El golpe está en marcha. Uno puede cerrar los ojos y negarlo, pero hoy no es posible dudar. "Si nos quedamos acá tenemos que estar dispuestos a lo peor"; "estamos en guerra"; "esto es una revolución". Son frases que jalonan los cortes de ruta motorizados por una derecha que sabe lo que quiere y una izquierda estúpida que cree que está haciendo la revolución.
Lo que está en marcha es efectivamente una "revolución", pero una revolución conservadora neoliberal que quiere la anulación práctica del Estado, que de una u otra manera entorpece sus sucios y multimillonarios negocios. De parte del gobierno hay una parálisis sumamente peligrosa. Las acciones de ayer, el intento de abrir la ruta 14, no hicieron más que potenciar la marcha de la derecha golpista.
Narra el evangelista Marcos que cuando Jesús llega con los militantes de su movimiento a la población de Betsaida le presentaron un ciego para que lo curase. Jesús "después de mojarle los ojos con saliva, puso sus manos sobre él y le preguntó '¿Ves algo?', el ciego que empezaba a ver, dijo: 'Veo a los hombres como si fueran árboles que caminan'". Gran parte de la sociedad ve la marcha del golpe como si fuesen árboles que caminan.
Continúa la narración: "Luego, le puso nuevamente la mano en los ojos y éste empezó a ver perfectamente y quedó sano, ya que de lejos veía claramente todas las cosas". El verbo griego utilizado enéblepen, pretérito imperfecto de blépo, no significa sólo ver, sino ver críticamente. Todo el pasaje se refiere a la comunidad que debe abrir los ojos y comprender qué está sucediendo.
Una de las mentiras más perversas de las tantas con que la gran prensa nos inunda todos los días es la de la lucha de los "pequeños productores" como si éstos actualmente estuviesen en la Federación Agraria, en la que, en realidad, están los rentistas, que mientras sus campos siguen produciendo pueden darse el lujo de pasar sus días en la ruta.
Los pequeños productores están en otra parte, en el Mocase, en el Mocaflor, en el Mocaju, en el Mam, en una palabra en el Frente Nacional Campesino que debe luchar a brazo partido para que los que hoy cortan ruta no los despojen de sus campos. Éstos no podrían hacer un paro indefinido. Sólo los ricos lo pueden hacer.
Las luchas de clases nunca se presentan en estado puro. Las contradicciones atraviesan a los distintos bloques que continuamente se forman. Hoy hay con claridad dos bloques atravesados por multitud de contradicciones internas. El bloque de la derecha pretende, como dice la inefable Carrió, que expresa a todo el pueblo. Con claridad hay que decirlo: En ese bloque como en el otro hay múltiples contradicciones, pero su triunfo sería el triunfo del neoliberalismo con todo lo peor de su negra historia.
Las múltiples contradicciones del otro bloque, especialmente la no ruptura de la estructura neoliberal, la no recuperación de los hidrocarburos, la política minera y otras yerbas hacen que no sea fácil acompañarlo en esta lucha. Pero no hay opciones. Si el golpe de derecha triunfa habremos retrocedido trágicamente y entonces, a todos los que se desentendieron habrá que decirles: ¡A llorar a la Iglesia!

Buenos Aires, 15 de junio de 2008

martes, 20 de mayo de 2008

Comando Abal Medina

Sociedad Rural de Santa Rosa - 15/05/08


Macachín - 17/05/08