lunes, 14 de septiembre de 2009

Las vaquitas de cría son ajenas

Por Carlos Girotti

Una simplificación historicista tal vez ayudaría a justificar la brutal comparación entre el tiempo de vida de una vaca de cría y un ministro. Se podría alegar que el contexto cultural, político, económico, social, etc., aunado a una cosmovisión sustentada en el arraigo con lo telúrico y con ese entrelazamiento de cualquier rasgo vital con la potencia de la madre naturaleza, explicaría todo. Sin embargo, no sería así con los dichos recientes del presidente de la Sociedad Rural Argentina. Al contrario: cualquier simplificación los tornaría aún más peligrosos y graves.A Hugo Biolcati las palabras no le sobran y, quizás por ello, las administra con esmero. Es enjundioso en ese afán porque pareciera evitar en todo momento el derroche de vocablos, un despilfarro innecesario cuando, con un par de conceptos, puede resumir y transmitir inequívocamente lo que siente y lo que piensa. En eso se parece bastante al senador Reutemann, ese otro gran exégeta del lenguaje módico pero preciso. Es gente que no se anda con vueltas ni remilgos a la hora de manifestarse, aunque en general sean parcos porque prefieren la contundencia de una orden impartida tranqueras adentro, o la brutalidad del improperio, a una tediosa intervención diplomática. Hasta aquí todo sería una cuestión de gustos o de estilos de comunicación. Pero no, se trata de otra cosa.Si para la Sociedad Rural, en boca de su presidente, “un ministro últimamente dura mucho menos que cualquiera de nuestras vacas de cría”, es porque ya nada la satisface ni la conforma. Más aún, que para Biolcati y los suyos los diputados no sean sino “una manga de cagones”, eso está indicando que están decididos a atropellar contra cualquier obstáculo que se interponga en su camino. Saben, entretanto, que una arremetida frontal los alejaría definitivamente de ese idílico consenso que supieron obtener de las capas medias urbanas cuando enarbolaron el pretendido martirologio campestre contra la resolución 125. Tampoco pueden apelar al corte de rutas y al desabastecimiento, no sólo porque se les pasó la hora de gracia con la infantería gratuita de la Federación Agraria Argentina (tardíamente consciente de las implicancias del festejado voto no positivo de Cleto Cobos), sino también porque en las grandes ciudades nadie apoyaría el despropósito a costa de sí mismo. Entonces, tienen que esperar: “Señores resistamos, falta poco”, dijo Biolcati. En verdad, ese llamado a la resistencia es casi un ruego para no caer en la tentación, otra vez, de reeditar el diálogo golpista que el presidente de la Rural mantuvo con Mariano Grondona en abril pasado. Paciencia, pide Biolcati, resistir al facilismo de apelar a la descarnada proclama autoritaria. Cuánto les gustaría poder decir, como aquel editorial de Clarín del 24 de marzo de 1977: “Bastó que las FF.AA. tomaran el poder asumiéndose como responsables últimas de la sobrevivencia del Estado-nación, para que retrocedieran los factores de desintegración. Se impuso el orden”. Ahora, en cambio, no tienen cómo hacer eso. Ya llegará el 10 de diciembre, fecha emblemática para la cual han convocado a una movilización de los campestres. Una oportunidad, incluso para Grondona que la fogonea desde sus notas en La Nación, de armar un pacto refundacional de la república de las derechas bienpensantes, un acuerdo de alternancias gubernamentales sustentado en el compromiso de no permitir nunca más un engendro chavista como el kirchnerismo. Resistir, dicen, porque ese mítico 10 de diciembre los pondrá casi automáticamente en las vísperas del recambio.Mientras tanto, los rurales vociferan. Se desgañitan al tiempo que, en las audiencias públicas del Congreso, decenas de oradores se suceden en apoyo del proyecto de ley de servicios de comunicación audiovisual presentado por el Ejecutivo. No ocultan el fastidio que ello les produce; hicieron todo lo posible para que sus parlamentarios amigos –y algunos inconscientes– impidieran el tratamiento del proyecto. Pero la discusión avanza. Quizás ello los haya hecho caer en el discurso brutal con el que más se identifican y, no obstante, no se arrepienten porque no temen. Con razón coligen que los jueces y los fiscales no actuarán de oficio contra esa impronta protogolpista, como sí lo hacen, por estas horas, con aquellos que hace cinco años impidieron con su movilización que se consumara la complicidad policial y judicial con el asesino de Martín “Oso” Cisneros. Por eso insisten en discursos que ya no ocultan la violencia íntima que los anima y los acompaña desde los tiempos inaugurales del primer Martínez de Hoz. Para qué ocultarla si total hay otros que, desde la prolijidad de una filosofía al servicio del poder o desde un enfoque literario de fin de semana que se afana por besarlo, pueden emprenderla educada y civilizadamente contra los “intelectuales K” que apoyan al desastrado matrimonio presidencial.Graves y peligrosas son las palabras pronunciadas por Hugo Biolcati en el Palacio San José, pero mucho más lo es el sentido de futuro que encierran. Hay en ellas la prefiguración de un horizonte de prepotencias y desmesuras. Es la teleología iluminada por la luz de un proyecto histórico de dominación que, aun arrinconado en la Argentina y en toda la región, conserva intactas esas reservas de poder que lo mantienen vivo. Para su semántica, la res pública no puede significar otra cosa que la ganancia que les pueden dar sus vacas de cría y actúan en consecuencia. Pero ahí, precisamente, en lo descarnado de su discurso, radica la posibilidad de su derrota: otra semántica está en marcha que su vocinglería no puede ocultar. Es una lengua amasada con viejos y queridos vocablos. En ella resuenan, al cumplirse treinta y seis años del golpe en Chile, la última voz pública de Salvador Allende y los poemas amputados de Víctor Jara. También, en la conmemoración reciente del Día del Maestro, ese abecedario imperecedero, escrito con tiza en un pizarrón del Bajo Flores por Guillermo Barros, el primer docente asesinado por las tres A. No es una lengua de recordaciones sino de no olvidos porque, mientras aquellas se guardan en la intimidad de los afectos, los no olvidos se hacen memoria pública y palabra del futuro. Habrá que encontrar las nuevas palabras del mañana, es verdad, pero aquí ya hay una certeza: Hugo Biolcati no es el único parlante porque hay otros que vienen hablando y caminan en sentido opuesto.

¡Quemá esas fotos!

Miradas al SUR - 05-09-2009
Por Daniel Cecchini

Edición de Clarín del 29 de septiembre de 1978. La directora del diario celebra con Videla, Saint Jean y Harguindeguy.

Sonriente, flanqueada por Felipe y Marcela –los dos niños, hoy jóvenes adultos, que inscribió como sus hijos adoptivos en los años más oscuros de la última dictadura militar–, la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, no dudó en darle un fuerte contenido político al breve discurso con que coronó, el 28 de agosto, la celebración de los 64 años del matutino fundado por su marido, Roberto Noble, en 1945. El tono estuvo en concordancia con la campaña que el multimedios más poderoso de la Argentina lleva adelante contra el tratamiento de una nueva ley de Servicios Audiovisuales que termine con la legislación vigente en la materia, diseñada por la dictadura y modificada a favor de los grupos económicos más concentrados durante los últimos 25 años. “Clarín cumple 64 años de periodismo, al servicio del desarrollo del país. Hemos construido nuestra fuerza en la fidelidad a la gente. Y eso muchas veces termina molestando al poder de turno. Hoy sufrimos nuevos embates por defender nuestra integridad periodística. Ataques disfrazados con argumentos falsos y contradictorios. Campañas de una virulencia inusitada, originadas en zonas oscuras del poder. A las que incluso se prestan algunos que creen lucrar con eso. No es la primera vez, ni será la última. Ningún ‘apriete' torcerá nuestro compromiso con la sociedad. Nuestra misión y principios están expresados públicamente. Se reflejan todos los días en nuestros medios. A ellos nos atenemos”, dijo la viuda de Noble, y volvió a sonreír cuando escuchó los previsibles aplausos.
Espejito, espejito. Conviene entonces detenerse en la “integridad periodística” que los medios del Grupo y su diario de bandera “reflejan todos los días”, en defensa de la cual hoy califican de “ley mordaza”, “ley K de control de medios” o de intento de “chavización” al proyecto que se discute en el Congreso. Fue seguramente en nombre de esa misma integridad que Clarín publicó en su portada del 28 de septiembre de 1978 una foto a tres columnas de Ernestina Herrera de Noble junto al dictador Jorge Rafael Videla para ilustrar el titular más importante del día: “Videla inauguró la planta de Papel Prensa”. La bajada de tapa expresa a las claras la independencia periodística de Clarín en tiempos de dictadura: “El teniente general (RE) Jorge Rafael Videla dejó inaugurada ayer la planta nacional de papel para diarios en una ceremonia efectuada en San Pedro. El Presidente destacó la trascendencia que este hecho tiene para el país y subrayó la necesidad de ejercer la libertad de prensa con responsabilidad. Esta edición de Clarín está impresa en papel elaborado en la flamante fábrica”. En las páginas interiores, donde se da una amplia cobertura de la noticia, puede verse también a la sonriente directora del diario brindando con el dictador y departiendo amablemente con los genocidas Albano Harguindeguy e Ibérico Saint Jean. La ocasión lo ameritaba: desde enero de 1977, Clarín – junto con La Nación y La Razón – eran accionistas mayoritarios de Papel Prensa S.A., asociados con el Estado en manos de los dictadores. Una sociedad que sería el puntapié inicial del proceso que, con el correr de los años, transformaría a Clarín en el multimedios más concentrado del país.Por entonces, los desaparecidos en la Argentina se contaban por miles, entre ellos varios periodistas y trabajadores gráficos que habían pasado por Clarín en algún momento de sus carreras, como Francisco Paco Urondo, Carlos Alberto Pérez, Enrique Raab, Luis Rodolfo Guagnini, Conrado Guillermo Ceretti, Daniel Alberto Daroqui, Ernesto Luis Fossati y Jorge Rodolfo Harriague. Durante esos años, el diario donde habían trabajado silenció sus nombres, los desapareció de sus páginas. Otros, como The Buenos Aires Herald o La Prensa, denunciaron sus secuestros y sus muertes, a pesar de la censura y la represión.
La misión y los principios. El 24 de marzo de 1976, la portada de Clarín había informado sobre el avasallamiento de las instituciones republicanas con un titular aséptico: “Nuevo Gobierno”. Tres días más tarde, también en tapa, había transparentado su relación con los dictadores con un suelto que decía: “La rígida censura de prensa impuesta el 24 de marzo duró sólo 36 horas. Desde entonces, el progresivo retorno a la normalidad en todos los órdenes y la fluida comunicación entre el gobierno y los diarios la han reducido al cumplimiento de normas indicativas. Pero la experiencia, plena de matices, bien vale la pena ser contada como otro testimonio del actual proceso”. A buen entendedor, pocas palabras.Los ejemplos del apoyo editorial al terrorismo de Estado perpetrado por la dictadura se multiplican con sólo mirar cualquier ejemplar de aquellos días. Por ejemplo, en la nota del 21 de agosto de 1976, titulada “El principio del fin”. Allí está escrito: “No hay tercería posible porque, admitido que estamos en guerra, imperan sus leyes. Es la Nación la que está en armas para vencer al enemigo (…) La fuerza, monopolizada por el Estado, y la razón que, legitima la autoridad y le proporciona el consenso, son los atributos fundamentales del gobierno (…) La marcha hacia el monopolio de la fuerza avanza por caminos convergentes. Ha sido un reclamo formulado por distintas voces y que alcanza mayor vigor en boca de la Iglesia. Lo construyen las propias Fuerzas Armadas y sus hombres de gobierno al asociar a los distintos sectores en la lucha permanente contra la subversión”.Más de una vez, la propia directora estampó su firma en los editoriales, defendiendo a los dictadores aún cuando las violaciones de los derechos humanos y el desastre económico eran ya evidentes: “Las Fuerzas Armadas, que tienen en su haber el triunfo contra la subversión al costo de enormes sacrificios, están en condiciones de realizar esa convocatoria. Se les presenta una alternativa en que la crisis económica puede llegar a minar los logros que han alcanzado en ese terreno y en que superar esa crisis puede dar la consolidación definitiva de la victoria y la realización de los objetivos que se trazaron al asumir el poder…” (29/3/81). E, incluso, después de la derrota en la aventura de Malvinas: “Repensar el país significa, hoy, también repensar a las Fuerzas Armadas. No nos conforma la idea de unas Fuerzas Armadas políticamente rechazadas y refugiadas en la especificidad de sus tareas. En países como la Argentina, cuya cuestión nacional se resume en el imperativo de crecer y desarrollarse, las Fuerzas Armadas son necesarias para sostener esa batalla contra el statu quo aparentemente incruenta, pero en realidad tan ardua como cualquier otra guerra convencional…” (1º/7/82).Apenas unos ejemplos de la “misión y los principios expresados públicamente” por Clarín a lo largo de su historia. Una historia de “integridad periodística” que, en 1981, hizo que Ernestina Herrera de Noble enviara esta llamativa queja a la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia: “Tengo el deber moral de expresarle mi disidencia con la decisión de esa universidad de entregar este año el premio Moors Cabot al Sr. Jacobo Timerman (ex director de La Opinión, secuestrado, torturado y expulsado del país por la dictadura). Considero que tal distinción puede interpretarse como un aval a la intolerancia ideológica que ha hecho mucho daño a la marcha del proceso democrático en mi país”. Sí, leyó bien: “proceso democrático”… en 1981.¡Quemá esas fotos, quemá esas notas! Todo sea por el periodismo independiente.

martes, 8 de septiembre de 2009

Análisis de un diario de la dictadura

Marcelo Borrelli - El diario de Massera. Historia y política editorial de Convicción: la prensa del "Proceso" (2008) - Koyatun Editorial

El 1º de agosto de 1978 Convicción lanzaba su primer número al público. Se transformaba así en el único diario de llegada masiva vinculado con un sector de las Fuerzas Armadas dentro de la dictadura militar, más precisamente con los intereses políticos del almirante Emilio Eduardo Massera y los de la Marina argentina. Por ello, Convicción fue bautizado en el mundo periodístico como "el diario de Massera" y "el diario de la Marina", formando parte en términos generales de lo que se denomina aquí como "la prensa del Proceso"; a diferencia de los medios tradicionales que deberían ser abordados dando cuenta de su comportamiento durante el "Proceso". De todas maneras, Convicción también tuvo otros objetivos exclusivamente periodísticos: supo ensamblar agudas opiniones sobre la realidad nacional, con secciones sobre Cultura, Política internacional y Ciencia y técnica de un elevado nivel en una época donde muchas publicaciones se veían constreñidas por el clima de autoritarismo. Y asimismo, participaron del diario periodistas reconocidos y de diferentes extracciones ideológicas, que en la mayoría de los casos no se identificaba con los valores de la dictadura.

Este libro indaga en esa complejidad que envolvió a Convicción. Repasa su historia y analiza su política editorial durante diferentes momentos clave de la última dictadura militar, realizando una minuciosa vinculación con los acontecimientos históricos del periodo más trágico de la historia argentina moderna. A través de sus páginas, el lector tendrá acceso al pensamiento de un diario que apostó por la creación de una fuerza política que emergiera del seno de las Fuerzas Armadas para refundar definitivamente a una sociedad que consideraba "enferma", en una época donde el mesianismo de sectores civiles y militares conjeturó que Massera podía ser el futuro presidente de la Argentina.

Extraído del prólogo de Jorge Saborido
La obra que nos ocupa es una valiosa aportación tanto al conocimiento de los métodos de actuación de un medio de prensa ligado al poder militar como de las sordas (a veces no tanto) luchas que se dirimían en las altas esferas. Evidentemente, lejos de conformar un poder monolítico, los militares de la dictadura construyeron una estructura caracterizada por las tensiones y los enfrentamientos entre los diferentes sectores que se habían repartido el poder, con el consiguiente impacto sobre la sociedad.
En este sentido, el trabajo de Marcelo Borrelli permite conocer algunos de los elementos que conformaron la alternativa política que impulsó inicialmente la Marina y se encarnó luego en la figura del almirante Emilio Eduardo Massera.
Escrita con soltura no exenta de rigor, El diario de Massera, sorprende agradablemente por varias razones. Por una parte, desmonta y explica los comportamientos de algunos de los que ejercieron el poder en esa época; por otra, permite apreciar el hecho de que esos difíciles tiempos para la libertad de prensa generaron reacciones individuales impensables en un escenario diferente.

(…) No me caben dudas respecto de que a partir de la lectura de este libro nuestro conocimiento de los "años de plomo" se ha incrementado de manera considerable, además de mostrarnos la complejidad de ese período histórico.

Marcelo Borrelli
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA), especializado en Educación.Ha finalizado el curso como Maestrando de Comunicación y Cultura de la Facultad de Ciencias Sociales, UBA (tesis en preparación).Ha comenzado sus estudios en el Doctorado en Ciencias Sociales de la misma casa de estudios.Ha sido becario investigación de UBA para estudiar temas vinculados a la memoria de la última Dictadura Militar y el discurso de los medios.Actualmente desarrolla investigaciones sobre historia, política y comunicación en el marco de un proyecto UBACyT.Es intregrante de una investigación sobre enseñanza de la historia en Iberoamérica coordinada por la Universidad de Barcelona y la Universidad Autónoma de Madrid.Se desempeña como ayudante de trabajos prácticos en la materia Historia Social de la carrera de Comunicación de la UBA.Ha sido docente de Teorías de la Comunicación en el nivel secundario.Ha publicado diversos trabajos en jornadas académicas y revistas especializadas.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Para Oliver Stone, Chávez "es un fenómeno"

"Es un héroe, un fenómeno", afirmó el cineasta estadounidense Oliver Stone en referencia al presidente venezolano Hugo Chávez, protagonista de su documental "South of the Border" (Al Sur de la Frontera), estrenado fuera de concurso en el festival de cine de Venecia. En el film, además de Chávez, fueron entrevistados el ex presidente Néstor Kirchner y la presidenta Cristina Fernández, y los mandatarios de Bolivia, Brasil, Cuba, Ecuador y Paraguay.

Acompañado por el renombrado intelectual de izquierda anglo-paquistaní Tariq Ali, experto en América Latina, Stone explicó en una conferencia de prensa que el filme es una respuesta a los ataques y acusaciones de la prensa, sobre todo estadounidense, contra Chávez tras su fallida mediación para la liberación de secuestrados por la guerrilla de las FARC en Colombia a finales del 2007.

"El filme fue una experiencia liberatoria", aseguró Stone.

Chávez, que el lunes ya se encontraba en Venecia, donde tenía reservado un piso del lujoso hotel Des Bains del Lido, tiene previsto asistir a la proyección oficial y desfilar por la alfombra roja instalada frente al Palacio del Cine, como invitado especial del realizador estadounidense.
Una noticia que el mismo Stone no quiso ni confirmar ni desmentir, pese a que pocos minutos antes había sido anunciada por los organizadores de la Mostra.
Un grupo de militantes del partido comunista italiano organizó una manifestación en el Lido de "buena acogida" a Chávez para expresar su "solidaridad y afecto" al pueblo venezolano.
Chávez realiza una gira por el norte de África, Medio Oriente y algunas ex repúblicas soviéticas. Ya visitó Libia, Argelia, Siria e Irán y esta semana viajará también a Belarús y Rusia.
"Participé en el 2007 en una misión en Colombia para liberar rehenes, la cual abortó, lo que generó controversias contra Chávez por su relación con las FARC, ataques estúpidos, por lo que me propuso realizar un documental", explicó Stone.
"Chavez se reveló un fenómeno, viajamos mucho, casi un "road movie", para ver el cambio increíble que está atravesando ese país", dijo.
El presidente venezolano "fue el primer mandatario latinoamericano que desafió al Fondo Monetario Internacional, esa organización neoconservadora que ha obligado a aplicar medidas duras en todo el continente y que provocó la devaluación en Argentina, por ello lo considero un héroe", agregó.

Los vuelos de la muerte


miércoles, 2 de septiembre de 2009

Plenario Carta Abierta


La oposición subestima la conciencia social sobre la concentración

Miradas al Sur - 30-08-2009

Martín Becerra
El especialista analiza el momento político-histórico en el que se debate el nuevo proyecto de ley. Un fuerte consenso social y un alto rechazo a los monopolios mediáticos en el país habilitan la oportunidad de reivindicar el derecho fundamental de recibir y difundir informaciones.

por Victoria Linari -
vlinari@miradasalsur.com

Los diputados y senadores se la juegan en el debate que vendrá sobre el proyecto de ley de medios”, dice el especialista en políticas de comunicación, Martín Becerra. “Si este proyecto no prospera por excusas como que no es el tiempo político, que no les convence el artículo 38 o que no les gusta la marca de carteras que usa la Presidenta, hablaría paupérrimamente de nuestros representantes políticos. Demostraría que no saben leer entre contradicciones de primero y segundo orden, y sobre todo que no afinan en tener como rehén de miserables discusiones de proyección de cuotas de gobierno y de poder, al resto de la sociedad.” El investigador y docente en las universidades nacionales de Quilmes, Buenos Aires y La Plata, asegura que “a nadie se le escapa que esta sociedad está moldeada por el actual sistema de medios, y evitar que ese sistema se transforme es una evidente complicidad con su estado actual de funcionamiento”.
–Este proyecto logró el consenso de diversos sectores sociales. Es un hecho histórico.
–Nunca como ahora fue tan consciente y tan claro para todo el estamento político y para parte de la sociedad civil organizada que hay intereses muy poderosos en juego. La movilización social que este proyecto viene promoviendo y la que lo viene generando desde hace varios años no se dio con iniciativas anteriores. El gran triunfo de esto es que vos vas a la peluquería, y cuando se habla de los medios, el peluquero sabe que hay monopolios, sabe que los medios están concentrados y dice que eso es malo, independientemente de a quién haya votado el peluquero. Hay un nivel de información muy fuerte a partir de las propias experiencias de vida y de los abusos que cometen esos medios concentrados.
–Hablar entonces del Proyecto K o decir que se presenta para pelear con un multimedio, ¿no deslegitima esa lucha social?
–La oposición de centro derecha, ésta que ya anticipó en las declaraciones de la UCR o de los senadores y diputados de la CC que se van a oponer al proyecto, repite básicamente lo que dijo antes del 18 de marzo cuando no conocía el proyecto y ya lo demonizaba. Me parece que esa oposición no toma nota del grado de consenso que tiene este proyecto en las organizaciones de la sociedad civil, y no es consciente del grado de rechazo que hay en la Argentina a los monopolios mediáticos. Y si no advierte este aspecto, va a sufrir un gran traspié. Porque aliándose con los grandes grupos, en esto que yo llamo pacto fáustico en el que entregan su sangre a cambio de la promesa de la vida eterna, no se dan cuenta de que los medios nunca te dan la vida eterna y te clavan el aguijón cuando menos lo esperás. Me parece que se equivocan muchísimo y subestiman el grado de conciencia que tiene la sociedad sobre este tema.
–Sorprende que algunos sectores de la oposición que trabajaron en proyectos muy similares a este, lo rechacen furiosamente.
–En el mano a mano que tuve con algunos de los diputados que participaron de esos proyectos, muy sinceramente reconocen no sólo que el proyecto del actual gobierno es muy parecido, sino que es más moderno, porque aquéllos no le daban mucha importancia a la convergencia tecnológica. Lo que ocurre tal vez es una mezcla de oportunismo, de especulación, se posicionan como midiendo para tener más centimetraje en algún gran medio, pero a la larga están hipotecando su propio futuro.
–¿Y qué le parecen las críticas de cierto sector del periodismo?
–Creo que los periodistas de mayor renombre fueron fuertemente cooptados por los intereses de los medios para los que trabajan, como el caso de Magdalena, Tenembaum, Nelson Castro, Morales Solá. En otras épocas estos periodistas, que eran la nata de la profesión, los más representativos, tenían una opinión que se diferenciaba claramente de la de los dueños de los medios. Pero ahora reproducen sin una discriminación mínima respecto de si ese interés merece ser reproducido así, si no amerita que haya una voz disonante para contrastar lo que ese medio dice. Son más papistas que el Papa. En general el mainstream de los periodistas más famosos es muy deprimente.
–¿Qué opina del argumento que afirma que este proyecto no es legítimo porque forma parte de una pelea con el Grupo Clarín?
–Yo tengo una respuesta funcional a ese argumento, y es que parte del origen de esa pelea tiene que ver con el objetivo de cambiar la ley. O sea que ningún gobierno va a poder cambiar la ley si no es en el marco de un enfrentamiento con el Grupo Clarín o con el grupo que sea, porque justamente el cambio de las reglas de juego afecta los intereses que se ponen en juego con ese cambio. Ahora mismo el Grupo Prisa, de España, está acusando de cosas muy parecidas al gobierno de Rodríguez Zapatero por una ley de televisión digital terrestre. El origen de las acusaciones son los intereses económicos de los principales grupos, ¿cómo vas a democratizar los medios con el consenso de los medios más concentrados? Es imposible.
–¿Y las críticas al ingreso de las telefónicas?
–Primero, anoticiémonos de que las telefónicas ya entraron. Desde el ’98 Telefónica de España tiene canal 11. Segundo, a mí me gusta pensar en contra de ese argumento, y en realidad si miro televisión abierta, debería elogiar a Telefónica de España. Los programas masivos y con contenido, como Montecristo, TV por la identidad, Vidas Robadas, son todos de ellos. Y si pienso quién hizo ese programa, cuál fue el canal que menos tercerizó su programación, pienso justamente en el canal de una telefónica extranjera. Eso será muy contradictorio y no nos gustará en nuestras buenas conciencias, pero es lo que pasa.
–Las críticas dicen que para enfrentar a un monopolio se está alimentando a otra gran empresa, que además es extranjera, y que puede dar lugar a otro multimedio concentrado.
–Toda concentración es mala, aunque sus medios digan lo que a mí me gusta escuchar. Pero me parece que con las telefónicas se agita un fantasma que consiste en que los capitales que provienen de los medios de comunicación en sí mismos son la Virgen María, y las telefónicas son el diablo. Y en realidad, si yo soy pragmático y miro qué pasó con los años de gestión de Telefónica en Telefé, la verdad es que hoy son superdefendibles. Eso me conduce a pensar que las telefónicas no son el enemigo.
–¿Qué va a pasar con los grupos concentrados ya existentes en caso de que se apruebe la ley?
–En teoría deben desprenderse en el plazo de un año de algunos de sus medios, tienen que desinvertir. Es lo que le está exigiendo ahora mismo la Cndc a Telecom Italia, que debe adaptarse a las normas vigentes. Claro que en este caso los medios van a argumentar que hay inseguridad jurídica, que se están rompiendo reglas de juego, eso habrá que analizarlo caso por caso. Algo que a mí me parece muy bueno, es que si sos distribuidor de señales de televisión por cable, no podés ser al mismo tiempo productor de más de una de esas señales. Así, Clarín claramente va a tener que desprenderse de algunas de sus señales.
–¿Cuáles son sus observaciones sobre el proyecto?
–La nueva versión no incorpora algo que está en los 21 puntos y con lo que yo insisto: que es que tanto la autoridad de aplicación como los medios públicos tienen que tener participación de la sociedad y no solamente del estamento político. Está clarísimo que es un avance que haya representación de la minoría parlamentaria en el directorio de ambos lugares, porque me parece que este año y medio da cuenta de que el estamento político como sistema, si no tiene punto de contacto claro con la sociedad civil, puede llegar a consensos muy nefastos para la sociedad. Pero no hace daño escuchar otras voces que puedan mediar, operar de traductores, hacer un ejercicio que evidentemente tiene poco consenso en el Gobierno. Pero son diferencias menores frente a un apoyo muy grande que creo que hay que darle a este proyecto.
–¿Cuáles son las cuestiones principales que la ley vendría a saldar?
–En principio, este proyecto garantizaría que desaparezca una discriminación cabalgante que hoy tenemos que no permite que todos los ciudadanos accedan en iguales condiciones a una licencia. También contempla derechos a la niñez, a las audiencias vulnerables, la creación de la Defensoría del Público y de un Consejo Federal, la legislación comparada, el fundamento de cada uno de los artículos que se inscribe en la mejor tradición de defensa de los derechos humanos. Es un proyecto de avanzada, y comparándolo con leyes vigentes en otros países es muy positivo, progresista, garantista, muy preocupado por sostener los derechos individuales y colectivos de la sociedad en general. Creo que si se transformara en ley, tendríamos una buena ley, perfectible, pero una buena ley.
–¿Esa buena ley nos asegura un buen sistema de medios?
–No, la verdad que no. Pero nos asegura que un buen gobierno de una buena ley sí tenga efectos materiales concretos. Lo que no entiende la oposición de derecha es que, como la ley reconoce los derechos de los ciudadanos, un mal gobierno con una buena ley, dará a la ciudadanía la posibilidad de activar contra el gobierno y reclamar por sus derechos lesionados.
–¿Cómo piensa que será el tratamiento en el Congreso?
–Si los diputados y los senadores logran ponerse en el rol de representantes del pueblo, esto tiene que salir como un violín. Pero si actúan con miserias públicas –que ya las salieron a mostrar apenas presentado el proyecto– o privadas –de no querer enfrentarse con un grupo para no hipotecar su futuro político–, entonces no creo que salga esta ley ni ninguna otra. Si eso pasa, se va a perder una oportunidad importante. Yo no soy tan apocalíptico, no creo que esta sea la última oportunidad, porque aún si el proyecto no prospera, hay una movida históricamente consolidada detrás que hará que resurja en términos de reivindicación de derechos cívicos.